Masa crítica
- Sábado 11 de Septiembre de 2010 09:17
- Escrito por TocaActuar
Y entonces, ¡bum! - Atribución: US Department of Energy - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Ivy_Mike_-_mushroom_cloud.jpg¿Cómo haremos para mover a Guatemala en dirección a un cambio positivo? La experiencia sugiere que para ello se necesitan dos cosas: liderazgo positivo y masa crítica. Aquí me ocupo de la segunda, con algunas sugerencias específicas para la acción.
El desarrollo de la física nuclear y las armas atómicas en las décadas de 1930 y 1940 introdujo el concepto de masa crítica, la cantidad mínima de combustible nuclear necesaria para sostener una reacción nuclear. Lo que es un material relativamente estable, llegada la masa crítica, reacciona dramáticamente y libera enormes cantidades de energía. Fue tan atractiva la idea de que la agregación de suficiente masa podía llevar a un punto donde algo se hiciera sostenible por sí mismo, que el término fue adoptado por las ciencias sociales y acabó incorporándose al lenguaje común.
Volviendo por un momento al origen técnico de la idea, resulta que la masa crítica no es siempre la misma. La sustancia en cuestión, su densidad y la temperatura son apenas tres de muchas variables que afectan cuánto material se necesita para desencadenar una reacción. Pues bien, Guatemala hoy enfrenta un reto de masa crítica. Estamos cada vez más concientes de la necesidad de un cambio dramático. Necesitamos enormes cantidades de energía para transformar esta sociedad. Esa energía ya está disponible en la sociedad. Sin embargo, como con el combustible nuclear, donde la energía está encerrada dentro de los átomos, ocupados “egoístamente” en retener sus protones y neutrones, en nuestra sociedad cada uno gasta las energías de que dispone para mantener sus cositas: su propia seguridad, su propia educación, su propia salud, su propia agua potable, y así sucesivamente.
Resolver el problema de los bienes públicos críticos – como la seguridad, el imperio de la ley, la justicia y la rendición de cuentas – es un problema de solidaridad, pero también, marcadamente, de eficiencia: ni como individuos ni como sociedades podemos procurar algunos de los bienes más básicos, no digamos los más opcionales, si primero no liberamos la energía que hoy tenemos atrapada en procurar la sobrevivencia cada uno por nuestra cuenta.
Ahora bien, volviendo a la pregunta de inicio: ¿cómo hacerlo? Aquí hay dos retos vinculados entre sí. El reto de forma es convocar suficientes voluntades para causar una movilización permanente, imparable. El de contenido, que esa masa se mueva unida, y con un propósito deseable. Me explico con un ejemplo. Hace poco más de un año el penoso vídeo grabado por Rodrigo Rosenberg y divulgado luego de su muerte desató una indignación extensa en la clase media urbana, sobre todo de la ciudad capital. Aunque se pueda discutir si las “playeras blancas”, como se conoció ese movimiento, pueden haber sido incitadas manipulativamente por algunos, es indudable que había allí una resonancia entre muchas personas, una sensación de “¡hasta aquí!” que las impelía a presentarse puntuales cada semana frente a la municipalidad de Guatemala. Así que allí tenemos movilización, y tenemos unidad. ¿Qué del propósito? Pues bien, la exasperación de la multitud se decantó en una dirección específica: pedir la renuncia, cuando no la expulsión, del presidente Colom. El tiempo mostraría la debilidad de la acusación y la insensatez de la demanada (que no exime a Colom en materia de competencia ejecutiva, pero ese es otro asunto). Causa injusta, perdido el propósito, el movimiento quedó en nada.
Para que no salgamos sin aprender de un hecho que llevó a Guatemala muy cerca de la crisis institucional, sin aportar apenas soluciones: ante nosotros se perfila ahora un objeto concreto y pertinente de movilización, una causa justa, digamos. En poco más de un año estaremos votando, y en menos de 16 meses tendremos gobierno nuevo. Exigir respuestas concretas a los problemas clave nacionales de quienes entren a la contienda electoral es más que suficiente causa, y no puede reducirse al infértil reflejo de pedir renuncias de funcionarios debidamente electos. Sin embargo, dejemos por el momento el contenido de esas respuestas y fijémonos de nuevo en la masa crítica. Cada uno tiene a partir de hoy para comenzar a “bombardear” a los átomos a su alrededor, sacarnos mutuamente de nuestra orbita de sobrevivencia individual y comenzar a hacer masa crítica.
Así que aquí va una breve agenda para comenzar a moverse:
- Haga una lista de los temas políticos que le apremian: ¿la inseguridad, la mala calidad de la educación, el costo de la gasolina, la conservación de los bosques? No importa cuáles sean los temas que a usted le muevan. Lo clave es que le importen, y que no los pueda resolver usted sólo.
- Comuníquese con sus familiares y amistades. Pocos o muchos, lo esencial es que se comunique con ellos, uno a uno o en grupos, y discuta sobre los temas apremiantes que haya identificado.
- Saque conclusiones de acción. Identifique qué hay que hacer para cambiar la situación. No basta quejarse, lo que hay que hacer es identificar acciones para el cambio.
- Invite a sus contactos a que hagan lo mismo. Y que, a su vez, ellos lo hagan con otros.
- Si conoce gente que se mueve en política, comuníqueles sus preocupaciones y propuestas. Exija que le respondan cómo las van a abordar.
- Si no conoce políticos, comuníquese con los partidos políticos, pídales sin más rodeos que le manden alguien a conversar con usted y sus contactos acerca de los temas que a usted le interesan. Si se siente satisfecho de sus respuestas y así lo quiere, apóyelos. De lo contrario, no se deje usar: ellos están para usted, no al revés.
¿Teme que los partidos políticos no responderán? ¿Piensa que usted no tiene tiempo para estas cosas? Bueno, si usted no lo hace, ¿quién? Y si nadie lo exige, seguramente los políticos no responderán. Anímese.
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