Guatemaltecamente orgullosos
- Viernes 15 de Octubre de 2010 00:00
- Escrito por TocaActuar
Aunque sea un pedazo de cielo - atribución (foto): MikeMurga - http://www.flickr.com/photos/duende_maya/2626021391/La publicidad, tanto gubernamental como comercial, con frecuencia nos invita a ser “orgullosamente guatemaltecos”. Sin embargo, resulta tan difícil. ¿Por qué se empeña el Cacif en defender su postura destructiva del estado, cuando sesenta años de necedad ultra-liberal nos han dado una economía timorata y excluyente, donde hasta los ricos son pobres? ¿Por qué se empeñan los militares en llamar honor a su historia de represión, cuando la única guerra que han peleado en cien años ha sido contra su propio pueblo? ¿Por qué el ombliguismo sancarlista en torno a una autonomía sin calidad que, más que dignidad, da cobijo a la incompetencia, y que no produce ciencia? ¿Por qué vestir el azul y blanco en el estadio, cuando es garantía que no vamos a ningún mundial? Es orgullo de lo que somos, orgullo de la pobreza, orgullo que no deja cambiar.
Quizá tenemos al revés los términos de la expresión: en vez de empeñarnos en estar orgullosos de lo poco que ya somos, acaso toque hacer cosas de las que luego podamos sentirnos orgullosos. Quiero pensar que sí somos capaces de hacer cosas distintas, y mejores: abrir la billetera para sacar adelante este estado indigente, donde la mitad de los burócratas (¡incluso la mitad de los militares!) son pobres; decir que líderes empresariales no son los petulantes que defienden a capa y espada su privilegio e insultan a su presidente (sí, su presidente también, vacilante como ellos), sino los que de verdad no tienen miedo al mercado, crean trabajo, generan innovaciones, amplían la economía y fortalecen al estado y la sociedad. Me atreveré a decir que no debemos gastar dinero público para subsidiar el circo que aquí se hace pasar por fútbol; y afirmar que necesitamos una universidad pública, pero de las buenas.
En vez de caminar de espaldas, siempre añorando un pasado provinciano y apocado, quizá debiéramos dar la cara al futuro incierto. Puede que las cosas salgan mal, pero no será peor que hoy y al menos habremos tratado.
Ya no quiero sentirme orgulloso de una nacionalidad que mata a quince de sus hijos cada día, tan sólo para robarles un celular o un reloj. No me pidan que baje la vista y chapinamente diga “ay, qué pena”. Yo quiero ver a la gente a los ojos y decir: “esto lo hice yo, y está bien hecho.” Yo quiero ser guatemaltecamente orgulloso, con güipil o sin güipil, de tamal o hamburguesa, con computadoras, carreteras, investigaciones, bosques, lo que sea, pero bien hecho, y sin amarras al pasado chambón.
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