Después de las elecciones
- Miércoles 20 de Octubre de 2010 00:00
- Escrito por TocaActuar
Esperando que se caiga - atribución: OmarC - http://www.flickr.com/photos/omarc/2984597151/in/photostream/Las elecciones están a la vuelta de la esquina - poquito más de un año. Algunos han puesto su mejor empeño en descalificar al gobierno, con algo de razón, bastante de malicia, y no poca ayuda de las propias autoridades. Así, los guatemaltecos ya estamos preparando las baterías electorales para castigar con nuestro voto la promesa incumplida de combatir la violencia con inteligencia, la opacidad de Mi Familia Progresa, la injerencia de la esposa del presidente en asuntos de estado, y tantas otras falencias, reales o imaginarias.
Sin embargo, cuando se asiente el polvo electoral y se vea de nuevo la silla presidencial,... ¿sabe qué? Ciertamente podrán no estar sentados en ella Alvaro Colom o su esposa, pero eso ya lo sabíamos, pues lo prohibe la Constitución. Tampoco estarán sus ministros alrededor de la mesa en el gabinete. Sin embargo, los puestos no estarán vacíos, sino que alguien más los ocupará. Por acción o por omisión, aunque los votantes busquen castigar al gobierno actual, aunque votemos nulo o no vayamos a votar, el resultado neto será que alguien habrá ganado las elecciones para sustituirlo.
En Guatemala, mucha de la bulla en torno a las debilidades del gobierno, cualquier gobierno, sirve más para someterlo al poder de unos pocos intereses económicos o polticos, que para exigir mejoras en su desempeño, equidad o transparencia. El gobierno de Alvaro Colom ha presentado debilidades importantes (de nuevo saltan a la mente la falta de transparencia de Mi Familia Progresa y la violencia imparable), y por ellas es justo el castigo electoral. A la vez, mucho de lo que vemos en los medios tiene más que ver con intereses creados: el control sobre la banca y la reforma fiscal son dos casos de fondo.
Cuando Colom y su gente se hayan ido, los temas seguirán allí. Si el nuevo gobierno se porta obediente ante aquellos que quisieran ser sus amos eternos, el ruido será poco. Si por el contrario no hace caso, el ruido subirá. Esto, con bastante independencia de que efectivamente resuelva los problemas de salud, educación, nutrición, infraestructura, seguridad y oportunidades de trabajo que aquejan a la mayoría - usted y yo incluidos.
Entonces, yo que escribo aquí, y usted que me lee, ambos haríamos bien en pensar en esta realidad inescapable: Colom se irá, pero otro vendrá en su lugar. En los doce meses que quedan, ¿qué haremos para que ese nuevo gobierno sea mejor que el anterior? ¿Qué le exigiremos a los que quieran sustituir al de ahora?
Lo primero es la necesidad de separar los problemas de los logros. No nos engañemos: a la vez que muchas cosas salen mal, algunas salen bien. Hasta el gobierno de Portillo, notoriamente corrupto, nos legó leyes que dan oportunidades a una mejor descentralización y ofrecen más espacio a las mujeres y los indígenas. Entonces, mal haríamos en barrer con todo, nomás porque se asocie al nombre de gente que haya caído en desprestigo. ¿Sabía usted que en el útlimo año subió notablemente la matrícula escolar y la terminación en primaria? Es probable que la política de gratuidad en los servicios educativos y las transferencias condicionadas en efectivo tengan bastante que ver con esto. Ahora toca exigir calidad y transparencia por encima de ese logro, no regresar torpemente al punto de partida descalificándolas sólo por ser parte del programa de este gobierno.
Así que una primera lección es: busque candidatos que no recurran a la demagogia de ofrecer barrer con todo. Un candidato con el valor para decir que hay cosas que deben seguir es probable que pueda llevarnos más lejos.
Una segunda lección, duramente aprendida con Colom, es que no bastan los lemas obvios: “la violencia se combate con inteligencia”. ¿Qué significa esto? A nadie se le ocurrió pedir explicaciones, y el candidato en campaña tampoco ofreció aclarar exactamente qué iba a hacer. Otro tanto pasa con la “mano dura”, y con otros lemas que sirven para dibujar cartelones de campaña, pero no para hacer planes de gobierno. Pida explicaciones detalladas de cómo se lograrán las promesas que salen de la boca de los candidatos.
Finalmente, no busque soluciones fáciles. Los problemas de estado, en su mayoría, están interconectados. Si se mueve una pieza, se desordenan otras. Pongo un ejemplo. Si le dicen que para mejorar la educación hay que subir el salario a los maestros, le están mintiendo. Una mejor educación depende de buenos maestros. Un salario digno ayuda a conseguirlos, pero apenas. El reclutamiento de los mejores candidatos a profesor, la formación magisterial, la distribución de los mejores maestros a las escuelas y aulas más necesitadas, el apoyo que se les dé en la escuela, tantas otras cosas inciden en ello, que reducir el problema a un tema de salarios es querer tapar el sol con un dedo. Exija que los candidatos en contienda [1] esclarezcan cómo van a abordar tales múltiples relaciones.
En suma, no se quede allí sentado (¡o sentada!). Salga, busque, pida explicaciones, y piense sobre lo que vendrá el 15 de enero de 2012. Ya casi está aquí.
Notas
1. Aquí le dejo la lista de partidos políticos inscritos a julio de 2010 en el registro de ciudadanos. Búsquelos.
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