Juntos
- Miércoles 08 de Diciembre de 2010 00:00
- Escrito por TocaActuar
Sólo juntos podremos ganar - atribución (foto): Catherine Trigg - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Saracens_Gloucester_scrum.jpg"Cuando los hombres malos se combinan, los buenos deben asociarse; de lo contrario caerán estos uno por uno, sacrificados sin reconocimiento en una batalla despreciable."
Edmund Burke, 1770
Burke, el señero conservador irlandés, era dado a las causas impopulares. Buscó restringir el albedrío de la monarquía británica, argumentó en favor de las colonias americanas cuando sus congéneres apoyaban a Jorge III y sus impuestos, y criticó la empresa imperial británica en la India, pero rechazó la Revolución Francesa en favor del derecho tradicional. Esta aparente inconsistencia política radicaba quizá en su lealtad a nociones más sencillas que las que otorga la práctica política: las causas que promovía eran las de la dignidad humana y la gentileza personal.
Hoy Guatemala se desangra en el fuego cruzado del narco, de las maras y del crimen común. En la última década hemos visto surgir, desde dentro y desde fuera, a los “hombres malos” que se combinan para alcanzar fines aviesos. Algunos en un poblado incitan a linchar a un supuesto ladrón; otros se apropian de municipios enteros para sostener su tráfico de drogas y armas. Hay quienes se dicen patriotas, sin importarles que la ley prohiba campañas electorales adelantadas, o que pisotean la Constitución con tal de gozar - quizá una vez más - del poder público. También hay quienes piensan que un puesto público es carta blanca para disponer de los bienes de todos. Más aún, están los que conspiran efectivamente para controlar las instituciones del derecho y la justicia.
Mientras tanto la mayoría, esa famosa mayoría silenciosa, hace honor a su nombre. Por ello quizá hoy resulten más vigentes que nunca las palabras de Burke. En tanto los “hombres malos” juntos se han apropiado del poder, la ley, el dinero y las instituciones, otros muchos, los y las más, hemos permanecido inmóviles. A lo más, refunfuñando, hablando solos. Cuando luego resulte que los malos se han hecho de otra institución más - la Contraloría de Cuentas, la Corte de Constitucionalidad, el Tribunal Supremo Electoral, quizá una alcaldía - tendremos poco que reclamar, si no hemos hecho nada para evitarlo.
Es evidente entonces que toca tomar cartas en el asunto, pero ¿cómo? Para empezar, juntos. No esperemos a que otro tome la iniciativa. Identifiquemos la causa que nos mueve a la acción, no importa cuál, con tal que sea justa. Para unos puede ser el ornato del vecindario, quizá el caos del tránsito vehicular, para otros será la poca transparencia de las decisiones del concejo municipal de la ciudad capital, o acaso las grandes causas de la justicia y los derechos humanos; pero a la vez, identifiquemos a quienes trabajarán con nosotros para cambiar las cosas.
De cara al difícil año electoral que se viene, incluso al próximo gobierno, tan incierto en su formación y en su intención, esto podría parecer relativamente poco. Al fin, la jugada que terminará con algunos pocos en el Congreso y en el Ejecutivo fue puesta en movimiento hace rato. Sin embargo, la práctica cotidiana de la ciudadanía compartida, esa que construyamos juntos, podría darnos los instrumentos de los que hoy carecemos tantos guatemaltecos: la capacidad de diálogo, la habilidad para tomar decisiones que supongan ceder terreno, los recursos organizativos para movilizar grupos grandes sin degenerar en zafarrancho; todas estas son prácticas políticas que nos serán muy necesarias en los tiempos que se vienen. Termino con una cita extensa del propio Burke, que antecede a la del epígrafe. A casi dos siglos y medio de distancia (¡y salvando la insensibilidad de género!), nos sigue hablando con pertinencia.
“Donde los hombres no estén familiarizados con los principios de los demás, ni tengan experiencia en sus respectivos talentos, ni del todo familiarizados con sus mutuos hábitos y disposiciones a través de los esfuerzos conjuntos; no habiendo confianza personal sin amistad, ni interés común que subsista entre ellos, es evidentemente imposible que puedan actuar en público con perseverancia uniforme o con eficacia. Al estar en una colectividad, el hombre más insignificante tiene su valor y su uso, al añadir al peso de la totalidad. Fuera de ella, los mayores talentos son enteramente inútiles al público. Ningún hombre que no está inflamado por un vano entusiasmo podrá creer que sus esfuerzos aislados y asistemáticos tengan el poder para derrotar los diseños sutiles y las cábalas unidas de los ciudadanos ambiciosos.”
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