Memoria y acción
- Lunes 03 de Enero de 2011 00:00
- Escrito por TocaActuar
Dos aves por el precio de una - atribución (foto): www.yahoraquemucha.comHace pocos días se marcaron 14 años desde que se firmó la Paz Firme y Duradera en Guatemala. Aunque a veces nos cueste reconocerlo, a la distancia de una y media décadas esto no resulta un logro menor. La paz, aunque imperfecta, ha sido firme - no se tambalea - y duradera, persistente. Collier encontró que, en sociedades postconflicto, las probabilidades de recaer en el enfrentamiento son mayores al 40% en la primera década postguerra.[1] Guatemala ha superado ya ese límite. Aunque sean bastantes los dispuestos a usar las armas para la resolución de sus transacciones personales o de negocios, hoy son escasos los que propondrían aplicarlas como fórmula sistemática, y sobre todo legítima, para resolver los problemas de nuestra sociedad y del estado.
Esto es un logro enorme, que no podemos demeritar. Acabar con la guerra no sólo evitó más muerte y dolor, sino incluso liberó energías - dinero, tiempo, atención - para la resolución de otros problemas y necesidades, entre ellas notablemente la educación y la salud.[2]
En tiempos de violencia e incertidumbre es fácil dar paso a la desesperanza. Por ello es beneficioso tener en mente este logro colectivo de los guatemaltecos: mientras algunas sociedades han vuelto a caer en la guerra y las armas como instrumentos político, nosotros - ricos, pobres, soldados, burócratas - hemos usado otro camino. Sin embargo, la llaga que creó la guerra es enorme. Los números son conocidos: 200,000 muertes, más de 50,000 desapariciones forzadas, incontables desplazados, vidas y comunidades enteras destruidas. Estas no son cosas fácilmente superadas, sobre todo cuando la paz vino, en alguna medida, a costa de la justicia.
La memoria es indudablemente el primer paso. Las vidas que se perdieron deben permanecer dignas en nuestra memoria y honradas en nuestras acciones. Cabe reconocer que cualquier persona menor de siete años en 1996 probablemente no recordará de primera mano el fin de la guerra, no digamos su proceso. Esto incluye a todas las personas que hoy tienen menos de 21 años. Extendiendo el rango un poco, se puede afirmar que para los 1.2 millones de ciudadanos y ciudadanas que podrán votar por primera vez en las elecciones generales de 2011, que suman más del 8% de la población estimada para Guatemala en el 2010[3], la firma de la paz, y la guerra que le antecedió, no son sino datos históricos, en el mejor de los casos.
Hay quienes han hecho esfuerzos loables por ayudar a los guatemaltecos a entender la génesis y significado de la guerra. Viene a la mente la exposición itinerante “¿Por qué estamos como estamos?” del CIRMA. A la vez, son pocos en comparación los esfuerzos sistemáticos del estado en esta materia, e incluso hay entre los guatemaltecos quienes quisieran simplemente barrer todo el asunto bajo la alfombra y darlo por terminado.
Sin embargo, hace falta más, mucho más. A propósito de otro episodio de indignidad histórica, un columnista reconocido propuso un “Museo de la Memoria” como fórmula más estable para concretar el tributo al pasado. A esto agregaría yo un esfuerzo más sistemático por marcar los espacios físicos del enfrentamiento armado, quizá incorporándolos a una “ruta” didáctica. No para ensalzar la guerra, sino para valorar su costo. ¿Existirán los ciudadanos y ciudadanas para tales empresas?
Más allá del la memoria del dolor, hay que mantener la visibilidad de los compromisos. Con alguna frecuencia se escucha o se lee la expresión “recuerdos de paz”, como un juego malicioso de palabras que pretende desvalorizar los acuerdos de paz. Sin embargo, en una sociedad caracterizada por la inestabilidad y la falta de norte estratégico, los acuerdos de paz son lo más cercano que tenemos a las bases de un “estado refundado”. En ellos se encuentran las referencias más concretas a la prioridad de la educación, la salud, el desarrollo rural, la multiculturalidad y el fortalecimiento fiscal, entre otros temas, que siguen siendo temas críticos y piedra de toque del desarrollo. Los acuerdos sirven como baremo nacional, al que podemos regresar una y otra vez - sí, son nuestra memoria funcional - y preguntar: “¿cómo vamos, qué nos falta?” Es de lamentar que mucho de lo pactado aún sea más intención que logro, pero ignorar el compromiso no lo resuelve, nomás es una admisión de culpa.
Entonces, para hacer memoria digna de las víctimas del conflicto, quizá a la pregunta de ¿por qué estamos como estamos? toque agregar otra igualmente circular: ¿qué vamos a hacer para hacer lo que hay que hacer?
Notas
1. Collier, Paul (2009). Wars, guns and votes: democracy in dangerous places (Guerras, armas y votos: la democracia en lugares peligrosos). Nueva York, Harper Perennial. Página 75.
2. Por supuesto, es de reclamar que dichas energías apenas se concretan, mientras laguidecen temas como la vivienda, el trabajo, la seguridad y los derechos indígenas.
3. INE (2006): Proyecciones de Población y Lugares Poblados con base al XI Censo de Población y VI de Habitación 2002, Periodo 2000-2020. Guatemala.
Agregue esta página a sus favoritos
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

















