Rara avis: guatemaltecos que lean
- Lunes 17 de Enero de 2011 00:00
- Escrito por TocaActuar
El tiempo mejor empleado - atribución: Jan Van Eyck - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Jan_van_Eyck_Madonna_with_the_Child_Reading.jpgRecientemente ha cobrado especial visibilidad la iniciativa, tanto del gobierno central como de algunos municipios, por erradicar el analfabetismo en sus territorios. Este es un empeño y un logro meritorio. Sin embargo, no debemos perder de vista que ello es apenas un primer paso.
El alfabetismo no es una meta a alcanzar, sino una práctica a vivir. Cualquiera que ha hecho dieta para bajar de peso lo entiende: aunque es difícil abandonar los chocolates y el tocino en aras de conseguir un cuerpo más esbelto y alcanzar el peso deseado, esta es la parte fácil del asunto. El verdadero reto está en mantenerse delgado, pues para ello es indispensable permanentemente comer de forma más saludable y hacer ejercicio siempre.
Entonces, dominar las primeras letras a cualquier edad es importante y difícil, más aún cuando ya se es un adulto formado. Sin embargo, mucho más importante es construir sobre ello la práctica de la lectura como un ejercicio cotidiano. Como sugiere la cita de Lincoln, la lectura es mas que simple instrumento: es un portal extraordinario que nos conecta con el conocimiento, y sobre todo con el resto de nuestra sociedad, tanto pasada como futura.
“La lectura – el arte de comunicar los pensamientos a la mente a través del ojo – es el gran invento del mundo. Grande en el rango del análisis […] que subyace aún su concepción más cruda y general; grande, muy grande, al permitirnos conversar con los muertos, los ausentes y los que aún no nacen, en toda la distancia del tiempo y el espacio..." (Abraham Lincoln, Conferencia sobre los descubrimientos y las invenciones, Jacksonville, Illinois 1859).
Por supuesto, constituye un reto importante a la lectura el ambiente aún escaso de libros en que viven tantos guatemaltecos, así en casa como en la sociedad. ¿Cuántas escuelas y comunidades cuentan con una biblioteca bien dotada y accesible? ¿Cuántos niños y niñas crecen en hogares con libros, y cuentan con la experiencia de la lectura cotidiana con sus padres?
Aunque es difícil tener información detallada de lo que ocurre dentro de los hogares, la evidencia anecdótica no es halagüeña: a diferencia de otros países, incluso tan cerca como México, es inusual ver en público personas que carguen consigo algún libro para aprovechar los tiempos muertos que ofrece la vida para leer. Es poca la gente que vemos leer al viajar en el bus, en las colas de los supermercados, al pagar los servicios públicos y en tantos otros trámites que plagan nuestra cotidianeidad.
En alguna medida carecemos de una “cultura de la lectura”, en que esta actividad sea valorada más que el costo del tiempo perdido: ¿qué más importa que lea o simplemente me quede con la vista perdida mientras espero que me atiendan en el banco? Partiendo del esfuerzo valioso que ya representan las ferias del libro, toca elevar el valor de la lectura como una actividad apreciada. ¿Qué hacer al respecto? Van aquí algunas ideas.
- No salga de casa sin un libro. En el attaché o el bolso de mano, en el carro, quizá en el escritorio en la oficina para la hora del almuerzo, que no falte algún volumen. Aunque sean dos páginas por aquí, una página por allá lea, y lea en público.
- Regale libros. Especialmente para los chicos y chicas, junto con los juguetes, que no falten los libros. Igual con los adultos: ¿por qué estar dispuestos a gastar plata en un CD, quizá en una botella de vino, y no en un libro?
- Lea con los más chicos. Aparte un tiempo para la lectura con sus hijos o hijas, quizá con los hermanitos. El elusivo “tiempo de calidad” que tanto cuesta pasar con los pequeños en el ajetreo de la vida urbana es más fácil de concretar en torno a un libro.
- Ponga los libros en el presupuesto. No piense en ellos como un bien suntuario o como un gasto opcional. Así como la leche y el pan son comida para el cuerpo, los libros lo son para la mente. Aunque sea un libro al mes, pero que no falte.
- Comparta los libros. A pesar de los esfuerzos de quienes en nombre de los derechos de autor quisieran cobrarnos cada vez que consumimos un libro, es maravilloso que, prestando un libro, muchos puedan leerlo sin que se reduzca un ápice su contenido. Poniéndose de acuerdo con un amigo o amiga es fácil que ambos dupliquen su biblioteca sin gastar un centavo, simplemente a través del préstamo. No digamos ya si el círculo de lectura es mayor.
- Apoye la disponibilidad de textos. Si quiere ayudar a una escuela, no piense sólo en reparar un techo o pintar una pared. Invierta en libreras y libros, o ayude a aquellos que ya fomentan el desarrollo y uso de las bibliotecas. Colabore con entidades como la Fundación Riecken o, si realmente se siente aventurero, ¿por qué no montar un biblioburro?
En suma, cada vez más guatemaltecos estamos concientes de la urgente necesidad de una buena educación para todos y todas. Reconozcamos que ello no es solo asunto de asistencia y notas, sino sobre todo de acceso al conocimiento. La lectura no es simplemente una habilidad instrumental, es un medio crítico de participación cultural, que nos permite integrarnos al conjunto de nuestra sociedad.
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