Formación política del ciudadano
- Miércoles 23 de Febrero de 2011 00:00
- Escrito por TocaActuar
Para hacer estado, hay que hacer ciudadanos - atribución: Andy Miah - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:20050702-Nelson_Mandela_Live8_Edinburgh.jpgLa formación política del ciudadano no es solo para activistas, a ser adquirida en cursos formales, partidarios o sindicales, por ejemplo. Más bien, la formación política es un conocimiento que se construye desde chicos, y que se desarrolla en la práctica.
La lengua materna se desarrolla conversando con la familia y se fortalece en la interacción con maestras y amigas. Igualmente, la formación política se desarrolla en el ambiente familiar y comunitario. La madre señala al niño y dice "bebé". El padre señala al político y dice "ladrón". Luego vamos a la escuela y aprendemos álgebra y gramática. También aprendemos que en el patio de la escuela gana el más fuerte, que "indio" es un insulto, y que se le pone más atención al que grita más fuerte. Aprendemos también que Gabino Gaínza, último Capitán General de la corona española, pasó sin problemas y a solicitud de los próceres a ser el primer ejecutivo de las Provincias Unidas de Centroamérica.
Antes siquiera de completar la primaria, las ideas ya están bien formadas: los políticos son corruptos, hacer gobierno es servirse del estado, y la política es una práctica maldita. Al pasar el tiempo las conductas se afianzan. En el barrio periurbano, la comunidad rural, el condominio de clase media y el edificio de la zona 14, por igual las decisiones se toman de espaldas al conjunto de vecinos; nadie quiere involucrarse, y la basura se tira en la vía pública. En ese ambiente cada uno desde jóven vamos tomando camino: los más para hacer el bien, que aquí significa no involucrarse en política, hacer negocios y evitar la mirada del gobierno y las responsabilidades fiscales; los menos para hacer el mal: narcos, ladrones, asesinos, políticos. Al menos, eso nos decimos.
Poco debe sorprender, entonces, si en la práctica política abundan los malos ejemplos, más que la gente comprometida con la patria, y que ningún "buen hijo" quiera acercarse al ejercicio del poder de gobierno. Ante la evidente crisis que está causando la violencia del narco en el estado guatemalteco, nadie está dispuesto a dar el paso adelante, pues eso sería entrar al mundo de la política, que desde niños se nos ha pintado como maligno.
Si queremos cambio, entonces, toca cambiar lo que decimos, pero sobre todo lo que hacemos. Algunos, los menos, para dedicarse de lleno a la política partidaria. A los más nos toca cambiar en el día a día: contarle a los hijos que la política es difícil, pero no necesariamente mala; que hacer gobierno es servicio público, y que sólo los mejores pueden hacerlo bien. Toca enseñar a los hijos las reglas del debate parlamentario, enseñarles a opinar, argumentar y elegir, y dejarles que lo hagan. Toca también indignarse ante la injusticia, y enseñar a los hijos a que no la toleren. Si queremos cambio, tendremos qu empezar por casa. No basta tener hijas e hijos, hay que criar ciudadanos.
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