Un manual para ser ministro de educación (y II)
- Lunes 30 de Mayo de 2011 00:00
- Escrito por TocaActuar
¿Y si los patojos aprendieran? - Aha! (fragmento) - atribución: Peter Jackson - http://www.flickr.com/photos/farleyj/2768941171/; Luminous Idea (fragmento) - atribución: Tiago Daniel - http://www.flickr.com/photos/bazik/395792175/Anteriormente: ¿Qué aprendieron de ser ministros de educación?
Cecilia Vélez y Sergio Bitar, ex-ministros de educación de Colombia y Chile, respectivamente, hablaron recientemente en Diálogo Interamericano sobre sus experiencias como ministros, y sobre los retos que enfrenta la educación en Latinoamérica. En una entrega anterior presenté sus principales "lecciones para ser ministro." Aquí resumo lo que dijeron sobre las necesidades de la educación en la región, que tienen una gran relevancia para Guatemala, especialmente al entrar en el período eleccionario.
¿Qué toca hacer en educación en Latinoamérica?
La educación es para todos
Vélez hizo énfasis en la necesidad de expandir rápidamente los programas educativos a todos los niños y niñas. Esto significa enfocarse en los más pobres, no para atenderlos en desmedro del resto de la población, sino para ponerlos a la misma altura en servicios y desempeño del resto. Bitar recordó que los mejores resultados en las pruebas internacionales de desempeño, tales como PISA, se dan en los países con los sistemas educativos más equitativos. Esto significa esforzarse por integrar diferentes sectores sociales en las escuelas. Agregaría yo, ya no podemos tener escuelas pobres para ciudadanos pobres y escuelas ricas para ciudadanos ricos. Las recomendaciones de Bitar fueron concretas: asignar más recursos donde hay menos, sostener y expandir el sistema público, complementar la educación con programas sociales externos al sector educativo (como transferencias condicionadas, alimentación escolar, becas y similares).
En cobertura el reto está en la deserción y en los niveles descuidados
Al menos para la primaria la matrícula comienza a alcanzar números satisfactorios en la mayoría de la región. Ahora un reto, señalaron los ponentes, está en evitar la deserción. Vélez indicó que por esto es importante trabajar con todos los niveles de forma integrada: los chicos abandonarán la escuela primaria antes de terminar, si la secundaria no es una opción o no ofrece mejores oportunidades. Igual vale para la secundaria y el trabajo o la universidad, agregó Bitar.
Hay que enfocarse en los maestros: ellos son la clave de la calidad
Ambos ponentes fueron enfáticos en esto: la mejoría de la calidad educativa depende en gran parte en la calidad de los maestros y maestras. Bitar subrayó cómo lo han logrado su patria y otros países exitosos: hacer más atractiva la profesión magisterial a los buenos estudiantes (esto incluye incrementar los salarios iniciales docentes y promover la imagen de la profesión), acreditar las instituciones formadoras como un primer incentivo a su calificación y calidad, insistir en la profesionalización de la carrera docente, y no abandonar a los maestros en las escuelas, sino proporcionarles acompañamiento pedagógico en su trabajo.
La mejoría de la calidad educativa depende en gran parte en la calidad de los maestros y maestras.
Vélez agregó a esto que no bastan políticas generales. Es fundamental dar a las escuelas la capacidad, la autonomía y los recursos para determinar sus necesidades de fortalecimiento de sus docentes. Un ministerio de educación nunca podrá hacer esto con precisión desde el centro, señaló. Para ello, agregó Bitar, es esencial la formación, selección y remuneración atractiva de directores y directoras de escuela con capacidad, autoridad y responsabilidad.
Los sistemas de evaluación
Bitar y Vélez fueron claros sobre el tema de la evaluación. Primero, que no es fácil, pues inevitablemente acarrea vergüenzas para el gobierno. Segundo, que no por ello debe evitarse. Es indispensable tener información objetiva e independiente acerca del desempeño educativo para tomar decisiones apropiadas. A la vez, ambos destacaron la importancia de no confundir, por una parte, el uso de la evaluación de los estudiantes como un instrumento de aprendizaje (que deja al docente identificar a los estudiantes que necesitan más ayuda) y como un instrumento de gestión (que permite al ministerio evaluar sus políticas y sus escuelas). El juicio sobre el sistema no es un juicio sobre los estudiantes, y excusar el uso de métodos de evaluación internacional porque "pobrecitos nuestros estudiantes" (esto lo agrego yo), hace un gran daño al país. A la vez, los ponentes señalaron que el énfasis en la evaluación, como en toda la gestión, debe estar en la mejoría persistente, más que en la mejoría dramática.
El servicio civil
Como coincidieron en señalar ambos ponentes al hablar sobre las lecciones aprendidas, es esencial mejorar la capacidad de las instituciones a lo largo y ancho de todo el sistema educativo. Esto exige atraer, contratar, pagar y retener a la mejor gente, tanto en la docencia, como en los puestos técnicos y administrativos del Ministerio de Educación. Para ello se necesita abordar como prioridad las condiciones del servicio civil y magisterial. Tareas difíciles, que requieren mucha negociación con legisladores y maestros, pero que deben abordarse de frente y temprano en la gestión, cuando aún se goza del capital político de la elección popular.
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