Ciencia y democracia
- Miércoles 29 de Junio de 2011 00:00
- Escrito por Edgar Barillas
Piensa, pregunta, cuestiona... Galileo Galilei (fragmento) - atribución: Justus Sustermans - http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Galileo.arp.300pix.jpgAprendí todos los casos de factorización, sin tener idea para que servían; química sin saber lo que era un átomo y física sin conocer una aplicación práctica de incontables fórmulas. La responsabilidad fue compartida: profesores sin conocimiento sólido que repetían mal lo que estaba en los textos y alumnos que nunca preguntamos: ¿por qué?, ¿para qué?
El consecuente desconocimiento de teorías y hechos científicos fue monumental. Cuando tarde, y por pura auto instrucción, descubrí por qué Pi es igual a 3.1416, que los objetos caen a la misma velocidad independientemente de su peso, la razón por la que es inverno en el hemisferio norte, mientras es verano en el sur, comprendí que los porqués y para qués debieron haber sido gritados mucho antes y sin vergüenza.
La educada irreverencia fortalece la democracia.
No es fácil, sin embargo, en culturas autoritarias y conservadoras; en sociedades donde alzar la voz y descubrirse como miembro de una minoría tiene consecuencias sociales. Hablo de la libertad de decir pública y abiertamente que el maestro está equivocado, que fulano fue el que se robó el examen, que es un error de la iglesia no promover el uso de métodos anticonceptivos, que se es ateo o gay.
Estas libertades deben pelearse desde distintas trincheras y una de ellas –propongo- es una formación más solida en ciencias básicas durante la educación primaria y secundaria. Según Timothy Ferris, en su libro The Science of Liberty (La Ciencia de la Libertad), esto genera un círculo virtuoso, en donde la ciencia alimenta el cuestionamiento y el debate. La educada irreverencia fortalece la democracia, que es a su vez, una condición para el continuo desarrollo de la ciencia y la tecnología.
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