Todos somos cómplices
- Lunes 11 de Julio de 2011 11:00
- Escrito por Edgar Barillas
Atrévete a alborotar la paz - Flower Thrower - atribución: Banksy“¡Qué barbaridad!; ¡que vergüenza! Si le tocó a un artista viejo que le cantaba a la vida, mañana puede ser a cualquiera de nosotros; ¡aquí ya no se puede vivir!; ¡que incapacidad la del gobierno!, ¿cómo es posible que tantos buenos seamos rehenes de unos pocos malos?”
La verdad, paisano, es que de alguna forma somos corresponsables de este hoyo en el que estamos metidos. Finalmente, hace pocos años, elegimos como presidente a un asesino confeso y ahora hemos colocado alto en las preferencias a un candidato que tiene todas sus ideas en el puño.
Bien cierto es que no presionamos el gatillo, pero hemos contribuido –probablemente sin quererlo– a una crisis de valores que crea las condiciones para que alguien más lo haga.
Tenga el coraje de decirle a su padre que no le hace falta ese dinero mal habido y váyase de la casa.
Como no sólo es cuestión de despotricar, sino de contribuir desde nuestra trinchera a construir un país donde al menos se pueda sobrevivir, aquí le van diez acciones que podemos tomar desde hoy, sin excusas, sin necesidad de esperar la intervención del gobierno, sin invertir más que buena voluntad y coraje:
- Denuncie al abusador y al corrupto. Denúncielo usted, estudiante de secundaria, si sabe quién se robó el examen, o quien prendió el paquete de cohetes en el aula. Denúncielo usted, burócrata público, si sabe que su compañero de oficina está cobrando para aligerar un trámite. Sea el único, conviértase en el “recha”; en este país es una distinción.
- Rompa relaciones con el primo que se hizo rico de la noche a la mañana con su oscuro negocio de “exportación de bienes a los Estados Unidos”. Deje de invitarlo al cumpleaños del sobrino, no acepte sus regalos; y cuando lo cuestione señalándolo con el índice en el que ostenta su nuevo anillo de oro, dígale que su “negocio” es un desprestigio para él, para la familia y para el país.
- Niéguese a prestarle sus servicios, o a venderle su mercadería al alcalde o funcionario público que le pida mordida. Pierda el negocio, olvídese de su comisión, pero dígale mirándolo a los ojos que usted no trata con mafiosos.
- Recupere a su hijo de las malas influencias. Abandonar los estudios, embriagarse, consumir drogas, agenciase de dinero sin declarar su origen no son “cosas de muchachos”. Converse con él hasta el cansancio; no se rinda, no lo justifique.
- Renuncie a su patrimonio, si este viene de una pista de aterrizaje de la familia, de una estafa o del arrebato ilegal de tierras a campesinos. Usted es joven, sano, ya terminó sus estudios. Tenga el coraje de decirle a su padre que no le hace falta ese dinero mal habido y váyase de la casa.
- Pague sus multas, acepte su infracción, no la resuelva por la vía rápida y denuncie al mordelón.
- Pague sus impuestos, todos los que le tocan. No lleve doble contabilidad, no compre facturas. Esa es la única forma de poder indignarse cuando son mal utilizados sus impuestos. Entonces, y solo entonces, va a tener la solvencia de denunciar al corrupto.
- Usted ama de casa, madre soltera a quien ese irresponsable abandonó; no le acepte dinero que no venga de un empleo honesto. No lo reciba en la casa. No alimente la extorsión y el robo.
- Sienta cada muerte violenta como si fuera la de un familiar cercano. No pase encima del cadáver; muestre más que una curiosidad morbosa en la escena del crimen. Llórelo, déjele una flor, vístase de negro.
- Estudie los planes de gobierno de los candidatos. Averigüe quiénes son, cuáles son sus antecedentes, quién coloca sobre la mesa las mejores ideas para controlar la violencia, y vote por el mejor.
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