Guatemala envejece
- Lunes 29 de Agosto de 2011 00:00
- Escrito por Corleone
"¿Así la vas a dejar?" - Viejita con ropa tradicional - atribución: Lon&Queta - http://www.flickr.com/photos/lonqueta/3620914520/Hay sucesos importantes que, por ocurrir de forma gradual, no son fácilmente visibles. Uno de ellos es, sin duda, el envejecimiento poblacional. Cada vez hay más gente vieja en nuestras comunidades; más adultos mayores. Al menos un millón de la población guatemalteca tiene ahora 60 años o más, y como sociedad no sabemos de qué manera enfrentar los cambios que dicho fenómeno genera. ¿Cómo lo haremos más adelante, dentro de 15 años para no ir más lejos, cuando su número se eleve a dos millones y medio de personas?
Es verdad que éste es un fenómeno global, y que nadie posee aún la receta para enfrentarlo con posibilidades de éxito en el largo plazo. Pero ante lo empobrecido y desorganizado que tenemos el país, en nuestro caso seguramente será más difícil hacerle frente, o quizá imposible, si no terminamos de notarlo y actuamos con la sapiencia y la celeridad necesarias, para lo cual ya vamos demorados.
En este momento más del 70% de los adultos mayores guatemaltecos sobreviven en condiciones de pobreza, y de ellos la mitad en pobreza extrema; es decir, que no consiguen lo indispensable para cubrir sus necesidades básicas. La causa más patente de ello es que nueve de cada diez no perciben ingresos por trabajo ni por pensión. Esto lo explica cuantitativamente, ya que sin ingresos económicos en un país de corte capitalista no se tiene acceso a la salud ni a la comida, mucho menos a la vivienda y al vestido.
Más del 70% de los adultos mayores guatemaltecos sobreviven en condiciones de pobreza, y de ellos la mitad en pobreza extrema.
Sin embargo, haciendo un análisis menos superficial, es posible descubrir que detrás de esta explicación económica se esconde otra de mayor peso, la cual para ser planteada sólo cabe en una alternativa: como sociedad estamos tratando que nuestros viejos mueran pronto, o si no, por negligencia permitimos que ello ocurra. Lo que no es lo mismo pero es igual, diría Silvio Rodríguez. En cualquier caso, ninguno de estos escenarios resulta aceptable, ya sea desde un punto de vista ético o humanamente solidario.
Si visualizamos el futuro con cierta objetividad veremos que (si la suerte nos permite llegar a esas edades), cuando los adultos mayores seamos el 14% de la población en lugar del 7% actual, la enclenque seguridad social que conocemos habrá desaparecido, estrangulada por el envejecimiento poblacional y la nueva filosofía del sistema, que decidió incluir, ante nuestra inexplicable tolerancia, las indemnizaciones laborales y las pensiones por jubilación entre los costos laborales a eliminar. Se nos compra a las personas, cuando así conviene, la fuerza de trabajo, como si de una simple mercancía se tratara. Ocurre igual que un recurso renovable y desechable, sin costo alguno para el patrono o el Estado.
Quizá esta información pueda parecerle exagerada a muchos, y hasta una cavilación ficticia a otros, pero por desdicha no lo es. Que prefiramos ignorarla es otra cosa. Las principales enfermedades que hacen sucumbir a los adultos mayores guatemaltecos son prevenibles, y están relacionadas con la pobreza y el hambre, principalmente en las comunidades rurales donde radica la mayoría. Son los mismos padecimientos que afectan, en similar distribución geográfica, a nuestros niños menores de cinco años, donde al menos seis de cada diez sufren algún grado de desnutrición.
¿Qué debiéramos hacer entonces, en caso de querer hacer algo? La cuestión no es sencilla, y probablemente quien tuviera la respuesta acertada se haría acreedor, de inmediato, a un Nóbel u otro reconocimiento mundial por el estilo. Pero como esto no parece factible por el momento, más valdría concentrarnos en atender de alguna manera nuestro caso particular. Quizá debiéramos empezar por inducir al gobierno, como administrador de los bienes públicos y garante de los derechos humanos individuales y colectivos, a que investigue y determine cuáles son en realidad las condiciones que enmarcan el envejecimiento poblacional en nuestro país. A partir de allí, citar a los diferentes actores sociales para definir una política de Estado que permita enfrentar el fenómeno de manera integral y congruente con nuestro contexto particular. Claro, esto no garantiza el éxito, pero seguramente serviría para saber a qué atenernos y en dónde están los puntos clave que debiéramos cambiar para procurarlo.
Es evidente que con acciones aisladas, parciales, asistencialistas y cosméticas, como las que se han tomado hasta ahora, no vamos a solucionar nada, y en cambio cada vez alejaremos más la posibilidad de lograrlo. No parece sensato quedarnos esperando el día cuando, convertidos en adultos mayores, nos toque experimentar el problema en carne propia.
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