En la segunda vuelta: ¿optaremos por ser pragmáticos o idealistas?
- Lunes 10 de Octubre de 2011 00:00
- Escrito por Andrea
Ya no hay quite, toca escoger. "The fork for Wernfigin..." - atribución: Bonelli - http://www.geograph.org.uk/photo/481148La desilusión con las dos opciones que se nos presentan en la segunda vuelta electoral implicará para muchos escoger entre dos caminos: el pragmático o el idealista (recurriendo al buen sentido de los términos). El camino pragmático nos llevará a votar para evitar que resulte electo el candidato que creemos puede hacerle mayor daño al país, mientras que el idealista nos conduce a votar nulo o ya de plano a evitar las urnas, en protesta y respuesta a la falta de ética, legalidad y contenido democrático de este proceso electoral.
Andamos así rompiéndonos la cabeza y hasta el corazón, intentando dilucidar si este 6 de noviembre optaremos por el pragmatismo o el idealismo, y la única certeza que tenemos es que -cualquiera sea nuestra decisión- en última instancia parará montándonos una factura nada barata sobre la conciencia. Votar para evitar el peor de los males, votar nulo, o de plano renunciar a votar; estas son las grandes opciones que nos brinda la última etapa de la contienda electoral a muchos guatemaltecos.
Si bien los idealistas tendemos a apoyar una cirugía mayor del sistema político, comenzando por mejorar nuestra propia cultura política, pasando por transformar muchas de nuestras instituciones públicas y privadas, hasta llegar a la reforma de la Constitución misma, la realidad es que por algún lado habrá que comenzar. ¿Qué tal por la Ley Electoral y de Partidos Políticos?
Nos toca a los ciudadanos zambullirnos masivamente en transformar la política.
Esta ley representa el corazón de las reglas concretas y operativas de juego de nuestro sistema político. Muchas de estas reglas son abiertamente anti-democráticas, como la concentración del poder partidario en la figura de los secretarios generales, o las reglas para elegir a los diputados distritales a través de listados pluri-nominales, que inhiben una relación más directa entre representantes y representados. Otras reglas son abiertamente privatizadoras de los partidos, como las que implantan mecanismos inefectivos para limitar y transparentar el financiamiento privado de las campañas, dejándonos cada vez con más política privada y menos política pública. Y otras más son abiertamente ilustrativas de la falta de voluntad transformadora que tienen las élites políticas, quienes se han dado el lujo de crear un Tribunal Supremo Electoral sin capacidad de sancionar, y de velar porque el Tribunal continúe así.
Darle cara-vuelta a esta ley generaría enormes réditos, pues permitiría comenzar a oxigenar y a renovar nuestro sistema político; pero esto contrasta con el minúsculo esfuerzo que venimos haciendo para lograrlo. Durante años, los grupos que han presionado para reformar la Ley Electoral y de Partidos Políticos se reducen a pocas ONGs e institutos de investigación política, que además son financiados por la cooperación internacional. ¿Dónde estamos los ciudadanos, con nuestros propios recursos, a los que tanto nos afecta esta ley? ¿Dónde estamos las fuerzas vivas de la sociedad –los movimientos cooperativos, los gremios de productores, de comerciantes, de profesionales, de estudiantes universitarios, las redes de jóvenes, los movimientos sociales? Nos toca a los ciudadanos zambullirnos masivamente en transformar la política, cambiando de tajo las reglas que ahora nos tienen condenados. Como en Guatemala los patos suelen tirarle a las escopetas, todo parece indicar que somos los propios ciudadanos los que debemos comenzar por buscar, convencer y probablemente hasta arriar a los líderes que necesitamos para aglutinarnos, motivarnos y conducirnos en esta imprescindible gesta.
Agregue esta página a sus favoritos
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

















