Oxlajuj B'ak'tun
- Lunes 09 de Enero de 2012 00:00
- Escrito por Corleone
Como que es hora de dar vuelta a la tortilla - "Comal" - Dayna Bateman - http://bit.ly/xPy8PVEl Hombre, a través de su historia, ha mostrado cierta fascinación ante la inminencia de catástrofes anunciadas. Desde épocas remotas existen referencias acerca de los temores que surgieron frente a fenómenos locales o astronómicos que, según los expertos de su tiempo, presagiaban cataclismos capaces de diezmar a la humanidad, eliminarla por completo o, incluso, destruir la Tierra. Así, los cambios climáticos cíclicos, los conflictos bélicos que afectan grandes zonas pobladas, y la confluencia de cuerpos estelares que se alinean en nuestro ángulo visual, fueron en su momento interpretados como indicios premonitorios de la hecatombe. “Señales en el cielo, desgracias en la tierra” ─decían los abuelos.
Para la raza humana, siempre el tiempo que le toca vivir ha sido juzgado como el más difícil de sobrellevar; siempre el más próximo a las profecías apocalípticas, y nunca falta quien descubre signos de que el final se acerca. Tal vez dicha tendencia repetitiva tenga su origen en la necesidad de evadir las vicisitudes contemporáneas, de creer en un suceso universal que nos equipararía a todos en el mismo destino, sin importar en dónde vivamos o cuál sea nuestra condición. Basta que se eche a rodar un rumor al respecto, para que surja el morbo y se suelten las especulaciones.
Ahora se relaciona “el final de los tiempos” con la conclusión del Oxlajuj B´aktun en el calendario maya, lo cual está presupuestado para ocurrir el próximo 21 de diciembre, en coincidencia con el solsticio de invierno. Sin tomar en cuenta que este dato sólo marca el cierre de un período en una medida particular del tiempo, y que los mayas, hasta donde se sabe, no dejaron consignada profecía alguna relacionada al caso, la noticia ha generado gran expectación, sobre todo en el mundo occidental, situación que aumentará conforme la fecha aludida se acerque. Es posible, por tanto, que nuestro país sea visitado por numerosas personas que quieran ser testigos presenciales en primera fila, especialmente en aquellas zonas donde existe evidencia de que los mayas se asentaron y, sobre todo, alrededor de sus centros ceremoniales.
De esa cuenta, han surgido iniciativas privadas y de gobierno para aprovechar el suceso y conseguir de éste beneficios económicos. Se habla de promociones para atraer turistas y, sin duda, se planean estrategias para que, una vez aquí, gasten todo el dinero posible. Visto desde la rentabilidad para el Estado, esto está bien, siempre que nos preparemos para que los visitantes disfruten de una estadía cómoda, agradable y segura. Pero, ¿y los mayas?
En este territorio, además de los vestigios arqueológicos, quedan etnias que según la antropología universal son descendientes directos de la civilización maya, cuyos miembros, en su mayoría, forman ahora parte de las clases empobrecidas y marginadas de nuestra sociedad. La pregunta anterior se refiere a eso: ¿qué estrategias coyunturales, de cara al Oxlajuj B´aktun, se implementarán para mejorar sus condiciones de vida, fortalecer su cultura y equipararlos al resto de la población en lo político y lo económico? Poco o nada se ha escuchado en tal sentido, lo que pareciera injusto. No sería ético ni solidario captar los ingresos que su cosmovisión atraerá, si no se les incluye en el goce de los beneficios que se produzcan. Sin contar con que, de no ocurrir nada extraordinario ese día, como seguramente será, se les achacará a ellos el fallo de la “profecía”, y quedará en tela de juicio la innegable capacidad científica que poseían.
Mientras tanto, sería conveniente que, sin ignorar el hecho ni dejar de participar en las festividades conmemorativas que se celebrarán, nos mantuviéramos concentrados en la vida diaria. Tenemos un nuevo gobierno y múltiples problemas de urgente atención que tratar, y no tardarán en surgir quienes pretendan utilizar estos eventos como cortinas de humo para hacer de las suyas, en tanto los demás desviamos la mirada.
Si el 21 de diciembre efectivamente se termina el mundo, ahí acabarán de golpe nuestros padecimientos y pretensiones, ni qué decir; pero si no es así, más valdría que hubiésemos seguido trabajando con ahínco en la construcción de nuestro futuro, para que el día 22 no nos encuentre en la situación actual, o quizá peor.
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