De minas e inversiones extranjeras
- Viernes 02 de Julio de 2010 20:38
- Escrito por Samoth
Cero calcetines!Hace algunos días, cuando el gobierno ordenó el cierre de la mina Marlin, con el fin de acatar las medidas cautelares dictadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, me topé con la entrevista que los medios de comunicación le hicieron a Carlos Amador, presidente del CACIF.1 En la entrevista el señor Amador ha dicho que el cierre de la mina genera incertidumbre para el inversionista extranjero, lo que desalentará la inversión. El señor Amador exige que el gobierno envíe señales claras al inversionista, porque sin la misma no hay empleos y tampoco desarrollo. Ni por molestar habla acerca de los pobladores y de sus peticiones. Así es que todo lo anterior merece unas líneas para el presidente del CACIF.
Primero, cumplir la ley y respetar las normas internacionales de derechos humanos no puede ser un mensaje desalentador para la inversión extranjera, a menos que esta se dedique a la ilegalidad, como el narcotráfico, el sicariato, el empleo infantil, la prostitución y el contrabando. En cualquier parte del mundo civilizado se debe castigar a quien descuida el tratamiento de sus desechos tóxicos, y provoca que estos aparezcan por las aguas de los ríos y, lo que es peor, en la sangre de los vecinos. No creo que ninguna cámara de empresarios en Inglaterra o Estados Unidos tenga el descaro de salir a defender a BP ante las medidas impuestas por el gobierno estadounidense, debido al desastre ambiental provocado en el Golfo de México.
En todo caso, el señor Amador se preocupa que esto pueda desalentar la inversión. ¿Qué inversión? De los 86 mil millones de dólares que en 2009, vinieron en inversión extranjera a América Latina y el Caribe, Guatemala apenas atrajo 565.9 millones, el 1 por ciento, las puras migajas. A Centroamérica llegaron 5,026 millones, de los cuales el 61 por ciento se concentró en Costa Rica y Panamá, lo que me lleva a un último punto.
La inversión extranjera directa, la que trae empleo y desarrollo, no viene a Guatemala, no porque tenga que respetar nuestras leyes, ni porque tenga que pagar impuestos. Brasil, con una carga tributaria de 35 por ciento, logra atraer cada año el 50 por ciento de la inversión que se instala en América Latina, lo que representa aproximadamente todo nuestro PIB.
A la inversión extranjera de calidad no le interesa instalarse en un país donde los empresarios locales no son capaces de razonar el buen negocio que es pagar impuestos y exigir bienes públicos de calidad, en educación, salud y justicia, por ejemplo. No entiende cómo puede hacerse negocios en una nación sin consumidores ni trabajadores tecnificados, en donde el 60 por ciento de la población tiene tres años de educación, hambre y no tiene ni para comprar un par de calcetines.
Siendo la preocupación del señor Amador el atraer la inversión extranjera, sugiero que voltee la mirada a Costa Rica, Panamá, Brasil o los países de Asia, en donde la sintonía entre la actividad pública (impuestos/gastos) y los empresarios modernos ha jugado un papel determinante para el desarrollo, en el que todos ganan al final. No lo digo yo, lo dicen muchos libros y artículos de fácil búsqueda en Google.
Se supone que los hijos tienen que ir superando en conocimiento a los padres. Será una desgracia para la sociedad en su conjunto si los empresarios de hoy siguen repitiendo, a pie juntillas, las ignorancias y los mitos transmitidos por los encomenderos de indios y auspiciadores de guerras del pasado. Y, aunque no podemos juzgar a nuestros líderes empresariales por “incumplimiento de deberes” o sacarlos del puesto por “interdicción”, estamos obligados a condenar socialmente su desconocimiento y su falta de visión.
1. La entrevista a Carlos Amador, en referencia al cierre de la mina Marlin está disponible en: http://www.cacif.org.gt/index.php?ID=7311&action=display&ID_BOLETIN=748
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Comentarios
Atentamente.
Sergio.
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