¿Qué le podemos atribuir a la educación?
- Domingo 25 de Julio de 2010 16:55
- Escrito por Toca Actuar
1. Los resultados de la educación: ¿de qué estamos hablando?
Niños y manos - Atribución: rdubois - http://www.flickr.com/photos/rdubois/3586275955/En educación es fácil dar paso a la desesperanza, sentir que no vamos a ninguna a pesar del mucho trabajo. Parece que damos vueltas en círculo, siempre regresando a los mismos problemas, en lugar de superarlos. En una reciente conversación un colega me preguntaba, con algo de frustración, – ¿será que la educación no puede producir los resultados que le estamos pidiendo? Tantos años de esfuerzo y el desarrollo no llega. ¿Qué pasa? –. Aunque tuviera razón, pienso que para dar una respuesta útil habría que hacer algunas definiciones más precisas.
En primera instancia, ¿a qué nos referimos cuando decimos “educación”? Una definición extensa podría tratarla como el proceso formal e informal de desarrollo de conocimientos, actitudes, aptitudes, hábitos y conductas que, a lo largo de la vida, nos hacen capaces de maximizar lo que somos. Por el contrario, una definición estrecha se enfocaría en las instituciones, funciones y actividades del sistema escolar. Incluso podemos hacer diferencia entre el contenido formal de la educación escolar (reflejado por ejemplo en el currículum, libros de texto y guías de clase), y su contenido informal (tales como los patrones de relación entre estudiantes y maestros, o los ejemplos de relación entre adultos que los maestros dan a los estudiantes).
Luego está el reto de definir los resultados pedidos. ¿Qué es razonable esperar como resultados de la educación? No es lo mismo esperar que la educación dé a los estudiantes ciertos contenidos informativos (tales como la ruta de los viajes de Colón, o cómo despejar ecuaciones con dos variables), que pedir que sean ciudadanos activos, capaces de aprovechar oportunidades e insertarse efectivamente en el mundo del trabajo y la sociedad. Más aún, ¿es razonable pedir a la educación resultados de desarrollo, paz y progreso, o no le corresponden? Y de no ser así, ¿cómo se relaciona lo que hace la educación con el desarrollo y la paz?
Finalmente, cualquiera sea la definición de la educación y los resultados esperados de ella, ¿es razonable esperar dichos resultados, tomando en consideración los recursos disponibles, los insumos proporcionados para la función educativa? Aún las instituciones mejor definidas, con el mandato más preciso posible, no podrán cumplir si no cuentan para ello con la gente, el dinero, los materiales y las tecnologías mínimas necesarias.
2. ¿Podemos abordar problemas en educación de forma sistemática?
Para fines del argumento, partamos aquí de una definición restrictiva de educación, asumiendo que se trata exclusivamente de las instituciones del sistema de educación formal: escuelas públicas y colegios privados, de los grados convencionalmente considerados como pre-primaria, primaria y secundaria. Los límites del universo definido por tales entidades es lo que quiero en este momento considerar como “educación”.
Pasado este primer momento de definición del sistema, ¿qué le podemos pedir? Parece razonable que, como mínimo, digamos que el resultado esperado es que los estudiantes dominen (no sólo “sepan”) el contenido ya definido en el currículum nacional básico. ¿Será el contenido correcto, hará lo mejor por prepararlos para la vida? Seguramente no. ¿Habrán aspectos del currículum cargado innecesariamente con información inútil que debieran retirarse? Probablemente. ¿Faltarán aspectos claves? Sin ninguna duda. La educación bilingüe intercultural para todos – no sólo indígenas – es a mi juicio la falencia más evidente. Sin embargo, partamos del reconocimiento que el currículum es imperfecto, pero no inservible. Entonces, no por las debilidades del contenido formal excusaremos la falta de logro de resultados. Así que para fines de este ejercicio me quedo con una definición estrecha: el resultado esperado de la educación es que el educando domine lo que el currículum manda.
Finalmente, va la pregunta de los insumos. ¿Damos lo necesario al sistema educativo para hacerlo responsable de sus resultados, buenos o malos? Quedémonos por el momento con el volumen de insumos: ¿recibe el sistema lo suficiente para garantizar un texto para cada materia para cada niño, un puesto garantizado en una escuela digna, un maestro todo el día, todos los días del año lectivo, desde los párvulos a la secundaria? La medida y costeo de estos insumos es difícil, pero no particularmente complejo: número de niños por edades, costo unitario de textos, proporciones de maestros a alumnos y así. Son conteos que el propio Ministerio de Educación y otras entidades públicas y privadas ya hacen – y publican –, y el resultado ha sido consistente: aún tomando en cuenta la ineficiencia, hay una penosa insuficiencia por el lado de los insumos financieros y reales. Así que, sin ir más lejos, es fácil explicar los pobres resultados de la educación (aunque no excusarlos), si consideramos que los insumos son insuficientes.
Sin embargo, la historia no termina aquí, pues la pregunta es, ¿puede hacerse algo al respecto? Quizá nos hemos vuelto víctimas de nuestro propio pensamiento complejo. Al reconocer que la educación como resultado es un fenómeno complejo, que depende de muchos aspectos en la vida social, familiar y escolar, nos hemos olvidado que a la vez algunos de sus insumos clave son relativamente simples. Por ejemplo, la mejor técnica didáctica no sirve, si no hay estudiante con quién aplicarla, y los estudiantes más motivados no irán muy lejos si no hay un buen maestro disponible. Igualmente, los hallazgos más recientes de la neurociencia han mostrado que si los estudiantes no pueden leer con suficiente rapidez para retener lo leído, de nada servirá preocuparse del contenido de la lectura. Esto ofrece una oportunidad para abordar problemas complejos desde principios sencillos, al enfocarnos en algunos aspectos concretos que, si bien no son la suma de la complejidad, sí son condiciones indispensables sin las cuales no se desencadenará el desarrollo.
Resulta indispensable identificar este tipo de problemas sencillos pero críticos para los resultados de la educación. No sólo son condiciones indispensables para la educación de calidad, sino que ofrecen puntos de decisión y de acción claramente visibles, con los que todos podemos estar de acuerdo y hacia los que todos podemos movilizarnos. La permanente y persistente presencia de estudiantes y maestros en las aulas es uno de estos temas, al cual dedicaré la atención en la segunda parte de esta nota.
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Comentarios
En 1960, el pib de ghana y corea del sur eran similares. En 1990, el pib del segundo país era seis veces mayor que el primero, y al menos la mitad diferencia se debe a la educación.
Hoy sabemos que los países de industrialización reciente coinciden en haber hecho una apuesta por el crecimiento económico basado en el escalamiento radical de las habilidades humanas por medio de la inversión en educación, principalmente la media superior.
Cfr: Amsden (1989) Asia's Next Giant: South Korea and Late Industrialization.
2. La educación conecta con el desarrollo cuando hay una gran masa productora joven (bono demográfico) que ha tenido acceso al nivel educativo que provee inserción entre la PEA calificada = Universalizar no sirve de mucho si solo llega hasta la primaria;
3. El nuevo pacto de todos los sectores sociales para la educación tiene que basarse en una apuesta más ambiciosa: movilizar y asignar el financiamiento necesario para cumplir en dos períodos de gobierno un escalamiento RADICAL de la matriculación en báisco y diversificado.
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Cito a Carles:
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