Hacia una corriente de pensamiento crítico en salud
- Viernes 27 de Agosto de 2010 00:29
- Escrito por Momo
Extension de cobertura - atribucion: MomoEn un intercambio de comentarios por un blog pasado, se mencionó que el pensamiento sanitario alternativo ha tenido un mayor desarrollo en organizaciones no gubernamentales (ONG), y no tanto en las universidades u otro tipo de instituciones académicas. De esta cuenta, “Lector interesado” mencionó al Hospital Berhorst en las décadas del setenta y ochenta, las organizaciones integrantes de la Instancia Nacional de Salud (INS) en la década del noventa y dos mil, y más recientemente las organizaciones que se aglutinan en el Movimiento Ciudadano por la Salud (MCS)
Coincido con el compañero, en identificar a estas organizaciones como portadores de un pensamiento distinto del que se ha impulsado desde el ámbito oficial (el Ministerio de Salud, el Estado en su conjunto, una buena parte de la cooperación externa, e incluso las universidades). La INS por ejemplo, a partir de una visión crítica del Programa de Extensión de Cobertura (PEC) y de la reforma que se promovió en salud en la década del noventa, logra impulsar un nuevo modelo de atención para el primer nivel de atención. Este modelo, originalmente conocido como “La Propuesta” y actualmente denominado “Modelo Incluyente en Salud” (MIS) retoma como perspectivas el derecho a la salud, el enfoque de género, la interculturalidad y el medio ambiente / Madre Naturaleza. Además, sus planteamientos son casi opuestos al PEC cuando promueve el fortalecimiento de la red pública de servicios, la atención integral y universal para las personas, las familias y la comunidad, y para todas las etapas del ciclo de vida. El MIS se ha puesto en práctica, con apoyo de Medicus Mundi, a través de ONG como la Clínica Maxeña, Pies de Occidente, Asociación IDEI y más recientemente el Instituto de Salud Incluyente (ISIS). Aunque las dificultades no han sido pocas, con 7 años de implementación empieza a tener varios buenos resultados que al PEC le ha costado mostrar. El desafío futuro es que el Ministerio de Salud logre aprovechar las experiencias y lecciones de este modelo; esto no es nada fácil cuando se tiene un PEC con prestadoras, préstamos, donaciones y cooperación técnica externa que le siguen alimentando y que pueden ver a cualquier nuevo modelo como una amenaza.
El MCS por su parte, ha logrado fijar posturas interesantes sobre el sistema de salud guatemalteco, retomando también el derecho a la salud, la búsqueda de la equidad, la solidaridad (pero no la palabra manoseada por la UNE) y la participación ciudadana. Con estas bases ha generado insumos para la discusión cuando estaba en agenda legislativa la iniciativa de Ley Marco de Salud, y para la visita del Relator especial de Naciones Unidas para el derecho a la salud.
Después de una década del noventa llena de políticas de salud casi gemelas de la Atención Primaria en Salud Selectiva (APS-S), el sistema de salud se ha orientado casi en su totalidad hacia la atención materno-infantil, la focalización, la "caridad estatal" y la costo-efectividad. Los cuestionamientos a estas políticas fueron virtualmente “ninguneadas” hace 15 años, pero las visiones críticas se mantienen y hacen eco de las frustraciones generadas por las reformas del sector salud en otros países de América Latina. En efecto, las ONG parecen ser esos nichos de pensamiento sanitario crítico, pero también alternativo y propositivo.
Con todo y lo anterior, no dejan de asaltarme las dudas sobre las posibilidades que tienen estas ONG de crear una verdadera corriente de pensamiento, una masa crítica que logre generar transformaciones al sistema de salud que tenemos. En otros países como México, Colombia, Brasil y Argentina, las corrientes de pensamiento en salud se han creado desde la academia y las universidades, y es que las ONG no cuentan con procesos continuos de formación e investigación que les permitan recrear, reproducir, difundir y retroalimentar su pensamiento. En el año 2002, la INS logró impulsar una especialización de análisis estratégico de políticas y sistemas de salud con la Facultad de Salud de la Universidad Rafael Landívar (URL), y poco después desarrolló otra especialización sobre interculturalidad, género y salud con la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Estos ejemplos son contados con una mano, pues las ONG dependen en su mayoría de una cooperación internacional que tiene poco interés en apoyar este tipo de “intervenciones”.
Entonces, me parece necesario apoyar y seguir conociendo las diversas iniciativas y propuestas que surgen de las ONG de incidencia en salud. Pero no podemos dejar de apostarle al fortalecimiento de las universidades, particularmente de la Universidad de San Carlos; lo que suceda en ese lugar es algo que debe importarnos y yo sigo creyendo que los tiempos de oro de esa casa de estudios todavía están por venir.
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Comentarios
La Conferencia insta a los gobiernos, a la OMS y al UNICEF y a otras organizaciones internacionales, así como a los organismos internacionales, así como a los organismos multilaterales y bilaterales, a las organizaciones no gubernamentales, a los organismos de financiación, a todo el personal de salud y al conjunto de la comunidad mundial, a que apoyen en el plano nacional e internacional el compromiso de promover la atención primaria de salud y de dedicarle mayor apoyo técnico y financiero, sobre todo en países en desarrollo."
Organizarnos para resolver nuestras problemáticas es válido, pero me sumo a las inquietudes de otros actores cuando se preguntan si las ONG debieran seguir asumiendo las responsabilidades de otros. Si las ONG siguen prestando servicios curativos -por ejemplo- financiados por la caridad y las donaciones externas, a lo mejor es más fácil para el Estado lavarse las manos para asumir responsable del financiamiento o la prestación de este tipo de atención.
Hablar de ONG implica también hablar de sus fuentes de financiamiento. Si la mayoría depende de la cooperación externa, hay que reconocer que ésta fuente de financiamiento ha disminuido en la última década. Este financiamiento también está condicionado a la ejecución de proyectos en tiempos cortos, una menor sostenibilidad y constancia, y que con frecuencia responden a la agenda externa y no a las necesidades locales.
No quisiera sonar parsoniana, pero es necesario discutir cuáles son los roles principales que debe asumir cada uno de los actores en el sistema, desde un enfoque de la salud como derecho. Quizá a las ONG les corresponda transitar del trabajo asistencial a la auditoría social, para que el Estado sea el responsable final de garantizar el acceso universal a la atención en salud.
Insisto en reconocer que las ONG han hecho grandes aportes a la salud del país y que en la actualidad son nichos de pensamiento crítico o alternativo. Me pregunto, sin embargo si deben seguir asumiendo (y cómo podrían hacerlo) funciones y responsabilidades que -en teoría- corresponden a la academia. ¿Cómo le entramos a este debate?
Por ejemplo, si la prestación hoy es realizada por ONG, no es simplemente de cortarles el chorrito de la plata pública, como se amenazó al inicio de este gobierno, porque nos quedamos incluso sin esos servicios, sino de planificar la expansión de los servicios públicos - y su ausente financiamiento, dicho sea de paso - para absorber dicha prestación. ¿Tiene sentido?
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