Comprometer, inspirar, servir
- Miércoles 29 de Septiembre de 2010 00:00
- Escrito por TocaActuar
¿Cómo pegarle fuego a esta gente? - atribución: Momo - www.yahoraquemucha.comPara describir la relación entre el estado guatemalteco y la sociedad bastan tres palabras, y en este orden: servir, ignorar, usar. El invento político que llamamos Guatemala se creó para servir a los de arriba. Desde siempre se dedicó a ignorar a los del medio, y a usar a los de abajo.
Cuando los “próceres”[1] se sentaron a la compraventa del poder con el representante de la corona española, hace ya 189 años, el bien común era algo distante de sus mentes. El beneficio restringido – para sus iguales – quedó resguardado, sin embargo. Desde entonces Guatemala les ha servido bien. La relación de poder y familia ha sido una lucrativa y provechosa constante para algunos. Con el tiempo y las reformas se ampliaría el número de los “cabales” y se enriquecería el léxico onomástico castellano con apellidos alemanes, vascos, italianos quizá, pero no más que lo indispensable para acomodar nuevas riquezas.
Entre tanto, por debajo y casi imperceptiblemente, creció la clase media, la clase urbana, la clase capataz, hoy la clase administrativa. Mientras los indígenas perdían sus tierras comunales para el bien de la caficultura, en las ciudades se expandía una horda de tenderos, secretarias, funcionarios de menor jerarquía, empujadores de papeles, empuñadores de plumas y espadas, músicos y artistas, que aún hoy dan (¡damos!) cuerpo a las órdenes del dinero y a las reglas del gobierno. La clase media, rica en ladinos y pobre en ilusiones, se constituyó a la sombra de la agroexportación, proporcionando los servicios y el comercio que aquella financiaba. Llegar al fin de mes es la consigna, pasar el fin de semana en el IRTRA de Retalhuleu el propósito. Aunque tuvo su momento en la revolución del 44, ya sabemos cómo terminó eso. En definitiva, los planes de quienes viven en Utatlán II no están en los programas quinquenales de gobierno alguno, ni en las propuestas electorales de los políticos. Es la clase ignorada.
Finalmente, llevando el peso de todos los demás, los pobres. Sin tierra, sin trabajo, sin dinero, sin salud, sin escuela, sin carretera, sin futuro; y a pesar de ello, usados. Usados para blandir el machete en la zafra y para tirar del gatillo, tanto del ejército como de la revolución. Usados, uno por uno, en el servicio doméstico. Usados, por camionada, para aclamar caudillos y candidatos, para quemar municipalidades. Más recientemente usados para apuntalar la tibieza de los demócratas electos. Usados para contrarrestar la oleada de playeras blancas de una muchedumbre urbana, indignada y confundida.
El equilibrio precario entre servidos, ignorados y usados es cada vez menos sostenible. Los de arriba quieren conservar su tajada a como dé lugar, pero los narcos, los nuevos señores de la violencia, tienen otros planes para el poder del estado. Los del medio, a fuerza de ser ignorados, también han aprendido a ignorar, y el estado ya no tiene lugar en su imaginación. Antes que maestros o funcionarios, quieren trabajar para la “iniciativa privada”, y que los dejen en paz. Por su parte, a los de abajo el hambre y la sobrevivencia apenas les deja tiempo para ser usados y, cuando lo son, es para traficar drogas.
¿Para dónde tomar ahora? Quizá toca revisar nuestros verbos y su aplicación… La agenda de un pacto de clases más actualizado podría empezar por comprometer, inspirar y servir.
Comprometer a los de arriba en el proyecto común de una nueva Guatemala no es un favor, sino una necesidad mutua. Por el lado del ciudadano pudiente, quien teniendo negocios no reconoce que el enemigo no es el fantasma de la izquierda o los requerimientos del fisco, sino el narco, el crimen organizado y la debilidad del estado, o es un idiota, o está contemplando abrir sucursales de algún cartel. Por el lado del estado, se engaña quien piensa que puede hacer gobierno, o reformarlo, sin involucrar a los de arriba. No sólo son necesarios los recursos y el liderazgo, sino que la resistencia de la clase alta ha demostrado ser mortal para todo cambio en Guatemala. Superarla es una prioridad.
El reto mayor, por inédito, será inspirar a los del medio. Más allá de la emoción que inspira una canción sentimental – aunque ya sea un comienzo – la inspiración que necesitamos debe cuajar en servicio comunitario, participación política, empleo público y en superar el malinchismo que en Guatemala es la marca del “clasemediero” urbano. El desafío es identificar a esa clase media urbana con una Guatemala de cambio – cuando menos multicultural, incluyente, empoderada y educada –, más que con la nostalgia de una Guatemala pasada que escondía sus desigualdades y exclusiones.
La base de esa Guatemala de cambio, su tónica, debe ser el servir a los de abajo. No nos confundamos: en Guatemala la mayoría es pobre. Una democracia que sirva a la mayoría de guatemaltecos tendrá que servir, en primera instancia, a los pobres. Cada vez es más amplio el consenso: el gran tropiezo al desarrollo de Latinoamérica es su inequidad, y Guatemala es de los países más desiguales. Transformar a Guatemala es constituir los usados en servidos por el estado. Esto no es un favor, es una urgencia. Así que mientras pensamos en cómo conseguir votos, o cómo votar, preguntémonos cómo comprometer a los de arriba, inspirar a los del medio, y servir a los de abajo.
Notas
1. Ante la evidencia de un acta de independencia que entrega de inmediato el mando de la república al último representante del rey, que se ocupa más de la circulación de oficios que de los valores ciudadanos, me cuesta tomar en serio la eminencia de sus autores y signatarios.
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Comentarios
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Sergio
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