De Quito y Borges, parte I
- Jueves 28 de Octubre de 2010 00:00
- Escrito por Lilith
Friítos pero contentos - atribución: Rosalind Reinhard - http://www.global-images.net/photos/faces/SA/SA-more/4-men-of-Ecuador.gifLe preguntan al maestro Borges: ¿por qué le gusta tanto viajar?, y éste responde que una razón sería su ceguera, el hecho de poder sentir los países aunque no los vea. Además, en otra parte agrega que las cosas, si son reales para su emoción, son reales. No existe, para él, otro modo de medir las cosas que por nuestra emoción ante ellas.
En contraste con este enfoque, a los economistas nos encantan los índices, las tasas, los porcentajes, y aunque algunos sabemos que los números se pueden interpretar de distintas maneras, hay muchos que disfrutan manipulando cifras, haciendo proyecciones, formulando supuestos y evaluando impactos. Con estos malabares técnicos, le hemos hecho creer al mundo que sabemos y que además somos serios. Cuando alguien pregunta mi profesión, con timidez respondo que soy economista, pero la reacción del interlocutor es siempre las misma, ¡qué dichosa!, usted sí es inteligente! Normalmente, yo bajo la cabeza y cambio de tema.
Por eso, cuando encontré este pasaje de Borges, me sentí identificada y comprendí que también la sensibilidad y las emociones nos hablan de la realidad. Por eso hoy escribo de cómo siento Quito, de cómo lo percibo desde mis sentidos.
Hace ya como seis años, me fui dejando este país en un desastre institucional. Era el principio del fin del gobierno de Lucio Gutiérrez. Habían caído, en menos de una década, los gobiernos de Mahuad y Bucaram. Popularmente se hacía la broma de que La Costa los pone y La Sierra los baja; se referían a que éstos presidentes habían sido electos con los votos de la provincia del Guayas y habían sido destronados por los habitantes de Quito. El eterno conflicto entre Costa y Sierra, hostigado por los mismos caudillos chatos de futuro y propuestas.
Hoy día, a casi un mes de que se dio la famosa “crisis del 30 de septiembre” – como sutilmente le llaman aquí –. Tal perece que después del 11 de septiembre, se puso de moda llamar al evento por la fecha en que ocurre y no por el nombre mismo del acontecimiento, así se evita el costo político de asumir una posición. En fin, en el siguiente artículo abordaré la famosa crisis el 30 del 9. Por ahora, les relataré que lo que percibo en el entorno en que me encuentro, que se limita a Quito únicamente. Guayaquil, Cuenca y Quito, conforman el trío económico, político y cultural del Ecuador. Por tanto, mi visión será parcial. Sin embargo, siendo Quito la capital, adquiere relevancia lo que aquí sucede.
A primera vista impactan dos elementos: el dinamismo de la economía y la seguridad. El movimiento de esta economía se debe – y lo digo sin temor a equivocarme – al auge de la construcción. El Gobierno actual tiene una política agresiva de vivienda popular y para la clase media (redujo las tasas de interés al 5% anual). Además, ha invertido en la red vial e infraestructura pública. La provincia de Pichincha cuenta con carreteras de primer mundo. Esto lo digo sólo por comodidad en la comunicación, ya que en realidad no deberíamos llamarlas así, pues pareciera que todo lo bueno es de los países del Norte y lo malo es nuestro, cosa por demás falsa. Esta inversión pública y el programa de transferencias condicionadas han provocado un efecto en cadena, que se ve en la cantidad de compradores en los centros comerciales, en la proliferación de comedores populares, en el incremento de la oferta culinaria para la clase media y alta, y en la cantidad de vehículos que circulan.
En cuanto a la seguridad, posiblemente estoy sobredimensionando mi percepción al venir de Guatemala, pero la verdad es que no tengo que cuidar mi cartera en las calles, puedo estar chateando tranquilamente con mi Blackberry en cualquier sitio público, y lo mejor, puedo salir a caminar por las noches, sola o acompañada. Claro, ustedes dirán, es que está hablando de sectores de clase alta, y seguramente tengan algo de razón (clase media, diría yo), pero es que ¿quién en Guatemala puede caminar solo y de noche por la zona 14, sin sentir que arriesga el pellejo?
Concluyo con dos ideas. La crisis económica no se mira en este país porque el Estado supo priorizar en actividades que promovieran empleo y generaran dinamismo, a la vez que apoyó a los sectores más vulnerables. Parece muy básico, no?. Además, ha invertido en educación y salud, dando como resultado una mejora sustancial de la calidad de vida de la población. El resultado: se puede caminar libremente por la ciudad.
¡Al entendido por señas!
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