Pobreza con cara de payaso
- Lunes 29 de Noviembre de 2010 00:00
- Escrito por Lilith
¿Te estás divirtiendo? - atribución (foto): Lane Harris - http://picasaweb.google.com/lh/photo/0fgiDds0cFkJRwlSxdQmtgCuando vemos un payaso, inmediatamente evocamos al niño o niña que llevamos dentro. Payaso, del italiano pagliaccio, es un personaje con vestimentas extravagantes, maquillaje excesivo y pelucas llamativas, y cuya función principal es hacer reír a la gente. El payaso representa la parte más positiva del ser humano, aquélla que encuentra problemas pero es capaz de divertirse, y divertir a los que le miran, con su manera de enfrentarlos desde el juego.
Este fin de semana, mientras esperaba el verde del semáforo de la Guardia de Honor, me topé con una familia de payasos (dos adultos y dos niños). Con sus rostros pintados y aceitosos, sus pelucas coloridas y sus ropas flojas, ofrecían un pequeño acto a los conductores que distraídamente mirábamos sus trucos. Un adulto tenía en sus hombros a un pequeño payasito de 7 o 9 años, que se encargaba de girar en el aire unas pelotitas plásticas; mientras tanto, los otros dos recogían las monedas que de limosna les daban unas manos que salían esquivas desde una pequeña apertura de la ventana de los vehículos.
Era evidente que esas manos salían con desconfianza, y temerosas entregaban rápidamente las monedas y volvían a la seguridad que les proporcionaba el interior de su auto. Seguramente con ese acto muchos pensaban que habían hecho la obra del día. Que habían conseguido un boleto para la tierra prometida. Así se los ha vendido la fe católica, así creen ellos que pueden salvar su alma. Así la caridad se convierte en una especie de bono que garantiza el acceso al cielo, y resulta más económico, pues es más cómodo dar lo que sobra que lo que por derecho corresponde.
La caridad sólo sirve para perpetuar la pobreza, la exclusión y la inequidad. Esa familia de payasos no va a salir de la pobreza con las pocas monedas que recogen: sus hijos no tendrán mejor educación, ni siquiera recibirán una mejor alimentación, y quizás sigan padeciendo de enfermedades y desnutrición. Quizás otra familia los vea y piense que puede hacer lo mismo en otro semáforo, incrementándose así la mendicidad de los adultos y condenando a los niños a la miseria.
Entonces, qué absurdo que el payaso, que representa lo positivo del ser humano, sea en realidad la cara de la pobreza, de la exclusión, del dolor y de lo peor de nuestra sociedad. Qué ridículo, además, que le tengamos miedo a ese personaje, cuyo propósito debería de ser hacernos reír; y qué falta de humanidad y amor al prójimo creer que una limosna garantiza la salvación de nuestra alma, mientras que irresponsablemente les robamos a nuestros niños y conciudadanos sus legítimos derechos como seres humanos.
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Comentarios
En la actualidad, en nuestro contexto, creo que la caridad se relaciona más con la limosna. Los payasos, niños mendigos, ancianos que se paran de cabeza, las mujeres, los amputados y demás que se apostan en las esquinas de Guatemala buscan generar malestar en quienes se conducen en vehículo, para que la culpa haga su trabajo y se les extienda una ficha.
En las esquinas de la ciudad la caridad no es solidaridad con el igual, es lástima con el inferior.
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