¡Ay Dios… la democracia!
- Lunes 13 de Diciembre de 2010 00:00
- Escrito por Walter Flores
¿Su voto aquí? - atribución: Jstll - http://www.flickr.com/photos/justl0l/2838957455/En una nota anterior relaté lo complejo que resulta pasar del concepto abstracto de “estado” a lo que representa en nuestra práctica. En esta nota quiero referirme a la democracia, no desde lo académico, sino en la forma en que la expresamos en nuestro día a día. Varias de las entradas en este blog han relatado la falta de protección social y financiera que sufrimos en Guatemala ante las enfermedades, lo cual afecta tanto a la clase media como a los ricos y a los pobres. Recientemente tuve la oportunidad de participar en una conferencia internacional muy grande y realmente global –1,200 delegados de 101 países– en que se abordaron los logros, retos y barreras para avanzar hacia sistemas de salud que brindan cobertura universal a la población.
En la conferencia se presentaron cuatro estudios de caso exitosos que han avanzado hacia la universalización de la cobertura en salud a través de sistemas que descansan en una participación mayoritaria y en garantías del Estado: Brasil, China, Malasia y Tailandia. En breve, lo más relevante de cada caso es lo siguiente.Brasil ha transitado por 20 años hacia la universalidad. El énfasis de Brasil es que la universalización en salud ha estado acompañada del fortalecimiento de la democracia participativa. Las reformas de salud crearon más de cinco mil consejos municipales de salud, en los cuales los representantes ciudadanos tienen voz y voto con respecto a la priorización y asignación de los recursos públicos. La experiencia de Tailandia ha sido un proceso gradual de 25 años, en donde se ha avanzado gracias a la presión de la sociedad civil. En contraste, Malasia ha avanzado rápidamente y China ha tenido logros sorprendentes en los 5 ultimos años. China ha estado implementado un seguro de salud para familias pobres que cubre los gastos catastróficos. Dicho seguro se ha expandido en forma rápida. En dos años han logrado cubrir al 84% de las familias que califican, es decir ¡800 millones de familias! Sí, un programa público que ha cubierto a una población que equivale a toda la población del continente americano.
La conferencia tuvo grupos pequeños de discusión. El grupo donde yo participé incluía colegas de Asía, África, Australia, Norte América y América Latina. En mi grupo, la discusión giró en torno a qué podían aprender los demás países de los estudios de caso que habían sido presentados. Los colegas discutieron cómo replicar las experiencias y se notaba un claro favoritismo hacia la experiencia de China. Yo pedí la palabra y solicité que antes de entrar a discutir las especificidades de cada una de las cuatro experiencias, discutiéramos un tema mayor: aún cuando las experiencias demuestran un rol fuerte y determinante del estado, son en esencia estados distintos. Mientras que Brasil y Tailandia son estados democráticos, Malasia y China son estados totalitarios. ¿Es esta diferencia relevante? ¿Puede explicar ello el hecho que los avances en Brasil y Tailandia llevaron más de 20 años mientras que en China y Malasia no? ¿Se pueden replicar estas experiencias sin un debate sobre fortalecer la democracia versus respetar la soberanía de cada estado-nación?
Los colegas accedieron a debatir esas preguntas y lo que surgió fue muy aleccionador. Antes de resumir el debate, quiero aclarar que los participantes en esta discusión somos profesionales de la salud pública, no políticos profesionales ni académicos del campo de la filosofía política. Por tanto, dijimos lo que pensábamos, sin preocuparnos por la corrección política. Tampoco nos preocupamos por un manejo adecuado de los conceptos sociológicos y políticos. En otras palabras, dijimos lo que sentía nuestro corazón.
Un colega de África expresó su preferencia por la experiencia de China. Le emocionaba la idea de expandir la salud pública en forma rápida a toda la población. En su intervención fue enfático: “La experiencia de China nos dice que la democracia no es imprescindible, lo que cuenta, es tener acceso a los servicios”. Un colega de Asia secundó la opinión del africano: “eso de estar negociando todo con políticos en gobiernos locales y gobiernos centrales es desgastante y muchas veces desmotiva; sería mejor hacerlo como China”.
Un colega europeo y yo insistíamos en la importancia de la democracia, en lo importante que era haber fortalecido la participación de los ciudadanos rurales (Brasil) y a la sociedad civil (Tailandia) pero la verdad es que no logramos hacer puntos en ese debate. La idea de una política social fuerte, aún sin democracia, seguía ganando. Mientras debatía, pensé que yo daba por sentado que la democracia era un valor universal, o casi universal, pero la polémica que presenciaba me demostraba que no era así. La verdad es que no podía aceptar la idea de que la democracia es dispensable e insistí en ello. En la discusión un colega de Asía apuntó: “Los logros en desarrollo económico y social de los tigres asiáticos han sido mucho más rápidos que en América Latina, y esos países no son considerados democráticos dentro del canon occidental.”
Ante ese comentario, yo repetí lo que le he escuchado a varios expertos Latinoamericanos cuando se les pregunta sobre por qué América Latina no ha logrado el nivel de desarrollo de los tigres asiáticos: “El reto mayor no es el desarrollo en sí mismo, sino hacerlo con democracia” .Yo esperaba que mi intervención aclarara el tema, pero un colega africano inmediatamente preguntó: “¿... y qué han ganado con la democracia sus países?” Cinco segundos luego de lanzada la pregunta finalizaron las dos horas de discusión de grupo y todos debimos regresar a la reunión plenaria. La verdad es que ¡me salvó la campana!, pues yo no tenía una respuesta. Los siguientes días de la conferencia continuó esa pregunta rondando mi cabeza y no fue sino hasta el viaje de regreso a casa que tuve el tiempo de responderla, aunque fuera solo para mí.
¿Qué hemos ganado con la democracia en Guatemala? Primero, recordé que ninguno de los colegas de China debatió ni se enfrascó en ninguna discusión. Únicamente emitían opiniones técnicas (tales como los métodos econométricos que habían usado para estimar la población beneficiara del seguro, etcétera). Los colegas de Tailandia, Brasil y otros latinoamericanos sí debatimos, y hasta fuimos críticos con nuestros gobiernos, las agencias de cooperación y los organismos internacionales. Entonces, un primer punto que hemos ganado con la democracia es la libertad de expresión y de pensamiento. Un ejemplo de esa libertad es este blog. Hace 25 o 30 años, el equivalente del blog hubiese sido boletines impresos artesanalmente y distribuidos a través de nuestros amigos y contactos. ¿Hubiéramos podido expresarnos a través de boletines y distribuirlos sin consecuencias?
El segundo beneficio que me vino a la mente fue el voto. Es cierto que nuestro sistema de elección política adolece de muchas deficiencias. Sin embargo, tiene una legitimidad mínima que permite la alternancia en el poder y la oposición. Por ello es que se ha podido elegir a gente como Nineth Montenegro. Es cierto, no logran transformar el sistema, pero mantienen viva la esperanza que vamos avanzado. Poco a poco, pero avanzamos.
Cuando ya el piloto solicitaba que se preparara la cabina para el aterrizaje en Guatemala tuve tiempo para hacerme dos preguntas adicionales: ¿nos alcanza con estos beneficios para seguir creyendo y empujando la democracia?; ¿daremos un paso hacia adelante en las próximas elecciones? Estas preguntas se me hicieron muy difíciles de contestar. Por ello, ya casi aterrizando en la Aurora, solo alcancé a suspirar: “ay Dios, la democracia…”
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