Castillos en el aire
- Miércoles 02 de Febrero de 2011 00:00
- Escrito por Kame
Cimientos para durar mil años - atribución: Joanna - http://photo.pozaschematy.pl/?page_id=2Un profesor de la universidad intentaba explicarnos la diferencia entre la neurosis y la psicosis; decía que las personas neuróticas tienden a construir castillos en el aire. Los psicóticos, por el contrario, no solo construyen castillos en el aire, sino que viven en ellos, están ausentes de la realidad. Esta manera tan simple de explicar esas condiciones tan complejas, es útil para calificar como desordenes mentales lo que sucede en Guatemala con el proceso electoral, con la variante de que no se refiere a individuos, sino a colectividades afectadas de forma masiva.
Por un lado, está la inexistencia de ofertas políticas serias, o al menos diferentes. Aún cuando todos los aspirantes que se han perfilado, ya tienen logos, colores de campaña, canciones y periodistas que hacen sus apologías, no aparece por ningún lado un listado de cosas que les gustaría hacer; mucho menos un programa de gobierno al que se le pueda creer.
Hasta este momento nadie ha hablado con profundidad, conocimiento y convicción del tema fiscal, de las grandes brechas y rezagos en salud y educación, del ingente problema del agua o de la depredación ambiental, por decir algunas cosas; solo se escucha que enfrentarán los problemas de seguridad matando delincuentes “de manera integral”.
Por otro lado, es posible ver inmensas cantidades de gente asistiendo a las reuniones de los partidos, todos bien vestidos con los colores de campaña y con las consignas aprendidas, tomándose fotografías con él o la ungida. ¿Acaso no viven en un castillo en el aire?, ¿acaso no parecen estar ausentes de la realidad? ¿A quién de todos ellos de verdad le interesan los problemas de Guatemala, y cree que ese líder o lideresa -que aparece en las inmensas vallas publicitarias con mirada al futuro y cara de yo no fui- resolverá los problemas? Si esto no es neurosis o psicosis colectiva, debe tener un nombre parecido.
Nadie ha hablado con profundidad, conocimiento y convicción del tema fiscal, de las brechas en salud y educación, del problema del agua o de la depredación ambiental.
La mayoría de las grandes y trascendentales decisiones para el desarrollo (más bien, el subdesarrollo) del país parecen ya estar tomadas en el seno de las élites (las que están contenidas en ese espacio con borrosas fronteras entre la oligarquía tradicional y la emergente, la elite criminal y las grandes corporaciones transnacionales). Entonces, el margen de decisiones del gobierno venidero es tan limitado, que el acto de creer y asistir a las elecciones también podría caer en el plano de la pérdida de contacto con la realidad.
Es muy probable que lo que mueve a las personas que vitorean a estos líderes no sea en realidad una pérdida de contacto con la realidad, sino todo lo contrario. Quizá muchos de esos correligionarios sean desempleados y pobres, que ven la oportunidad de un “hueso”; otros podrían ser oportunistas que vislumbran nuevos negocios a costa del estado, o quizá son financistas de distintos niveles, que están asegurando su lugar en la foto y, tal vez los menos frecuentes, son los que de verdad han sido eclipsados por el carisma del dirigente, y ven en este personaje la solución a los problemas de su comunidad.
Seguramente después de las elecciones algunos lograrán lo que buscaban. Sin embargo, la mayoría entrará al juego eterno de construir castillos en el aire y, de repente, vivir en ellos: “fijate que un mi amigo vive enfrente de la señora que es la mejor amiga del guardaespaldas del candidato, y me ofreció hablarle para ver si me sale algo, de todos modos yo tengo el carné del partido y fui a las reuniones…”
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