Contradicciones de Socialista Aburguesado
- Miércoles 02 de Marzo de 2011 00:00
- Escrito por Edgar Barillas
Cocina con picante - atribución: Rodrigo Orrantia - http://www.rodrigoorrantia.com/2007/11/chef-guevara.htmlCuando visito Nicaragua me aseguro de disfrutar una velada artística en la “Casa de los Mejía Godoy”. Este restaurante es, desde hace años, el lugar de encuentro de consultores de agencias de cooperación internacional con un perfil similar al mío: profesionales graduados en universidades latinoamericanas a mediados de los ochentas, con poco pelo o poblados de canas, dedicados a la tarea de asesores errantes.
Cuando nuestra generación cursaba estudios superiores en universidades públicas, el socialismo era considerado –además de inevitable– necesario para erradicar todos los problemas sociales que discutíamos en las aulas. Los autores leídos (Paulo Freire, Marta Harnecker), el triunfo de la revolución sandinista y la represión de los gobiernos autoritarios de entonces ofrecían el marco ideológico para las carreras técnicas que estudiábamos. En conversaciones entre amigos, discutíamos si nuestro mejor aporte al país era el riesgoso compromiso con los movimientos populares, o una sólida formación técnica, para trasladar posteriormente a la práctica los proyectos sociales que se gestaban.
Luego vino la caída del muro de Berlín, el derrumbe de los regímenes comunistas de Europa del Este y el desencanto con los ensayos socialistas en América Latina. Nadie lo vio venir, aunque muchos comenzaran a publicar inmediatamente artículos sobre la inevitabilidad del derrumbe del modelo socialista ortodoxo. Cuando la perplejidad y la confusión dieron paso a la información que había estado escondida o tergiversada por años, los hechos fueron desmoralizadoramente claros: el socialismo había generado su propia destrucción al coartar las libertadas individuales, restringir la libertad de expresión y abolir un sistema de incentivos que premiara a los más talentosos y trabajadores.
Ese estrecho grupo de profesionales formado en medio de ideologías encontradas y violencia, invirtió buena parte de su juventud en el estudio profundo de estos fenómenos sociales. Tuvimos que aprender y desaprender en medio de la riqueza intelectual de estas contradicciones. Las organizaciones de asistencia técnica ofrecieron entonces la posibilidad de contribuir al desarrollo social, pagando bien por este conocimiento. Muchos tomamos esta oportunidad con alguna nostalgia, pero sin remordimientos.
Veinte y tantos años después, reconozco a esta cohorte entre los parroquianos que visitan la “Casa de los Mejía Godoy” y otros sitios bohemios de América Latina; todos cantamos a coro “El Cristo de Palacagüina” o las canciones de Mercedes Sosa, acompañados del mejor ron añejo nicaragüense.
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