La “democracia participativa”, contra-modelo de la izquierda a la “democracia legal” de la derecha
- Lunes 28 de Marzo de 2011 00:00
- Escrito por Andrea
Bueno muchá, hagan fila - atribución: Eustaquio Carrasco Carrasco - http://www.artelista.com/en/artwork/5033021928051425-multitudexpectanteexpectantmultitude.htmlHe aquí que los Acuerdos de Paz proclamaron un nuevo camino para provocar los cambios: complementar nuestra democracia representativa (formal) con democracia participativa. Pero por un lado, la pobre representatividad de nuestras instituciones parece no aguantar la presión de la participación; y por otro, la creciente tendencia a exigir participación en todo y para todo que se observa en muchas organizaciones sociales y ONGs, no hace sino debilitar aún más los pocos espacios que le van quedando a los gobiernos para tomar decisiones por sí solos. Tres ejemplos hablan elocuentemente de las tensiones que estamos viviendo al intentar combinar la democracia representativa con la democracia participativa.
Me compartían hace poco que el Presidente Alfonso Portillo declaró en los primeros días de enero del 2000, estando recién electo, que si bien eran 140 organizaciones sociales las que habían firmado el Pacto Fiscal pocos meses antes, él sería quien decidiría lo que se haría en esta materia, “pues para eso había sido electo como representante del pueblo”. Esta declaración oficial proclamó casi una sentencia de muerte para lo que fue un pacto social y político sin precedentes, surgido de un amplio esfuerzo de participación ciudadana.
Un segundo caso fue durante los inicios del gobierno del Presidente Berger. Varios funcionarios valoraron como indebido que la cooperación internacional continuara condicionando el diálogo con el estado a la presencia de organizaciones sociales y ONGs en la mesa de negociación. La respuesta del gobierno fue: “Nosotros no venimos a co-gobernar con alguien más, pues hemos sido electos por más de un millón de guatemaltecos. Si las organizaciones sociales y ONGs quieren gobernar, que formen un partido político y ganen las elecciones.” Fue así como los espacios oficiales de diálogo sobre cooperación internacional dejaron atrás el esquema del Grupo Consultivo, donde las organizaciones sociales y ONGs debían “avalar” las propuestas y decisiones del gobierno.
Hoy el Gobierno del Presidente Colom se ha “atrevido” a redactar por sí solo -es decir, sin la participación de organizaciones indígenas desde la primera pensada- una propuesta para reglamentar el procedimiento de la consulta a los pueblos indígenas establecida en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. Si bien el gobierno lo que hizo fue redactar una propuesta para luego someterla a consulta, son muchas las organizaciones sociales que han proclamado “su derecho” a participar de origen en este esfuerzo, como condición sin la cual ningún reglamento podrá jamás ser legítimo.
Sin duda la naturaleza cada vez más formal y menos real de nuestra democracia representativa abona a la desconfianza del pueblo hacia sus instituciones. La “democracia participativa” viene siendo el contra-modelo principal de la izquierda a la “democracia legal” de la derecha. Pero lo cierto es que no puede haber un régimen de democracia representativa o meramente legal que sea efectivo cuando existen altos niveles de desigualdad, porque lógicamente los más desposeídos simplemente no llegarán a ser representados.
Es así como la desigualdad justifica una agenda de participación, mientras que la creciente ilegitimidad de gobernantes e instituciones legales tiende a radicalizar las demandas sociales de participar en las decisiones. Hoy es fácil decir que nuestros gobernantes y diputados asumen cada vez menos su rol de representantes del pueblo. Lo que es difícil –por no decir políticamente incorrecto- es cuestionar cualquier exigencia de participación y restablecerle el “derecho” de tomar alguna decisión por sí sola a la autoridad legalmente electa.
Parecería que cada cuatro años continuamos eligiendo a nuestros representantes, a sabiendas de que lo más probable es que no nos representarán; luego desconfiamos en las decisiones que toman y pasamos a exigir participación. ¿Hacia dónde nos encamina ésto?
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