La normalidad de lo inaceptable
- Miércoles 30 de Marzo de 2011 00:00
- Escrito por Lilith
No, no es civilizado - atribución: Gaudencio Garcinuño - http://www.flickr.com/photos/31112252@N00/4419901256/Era un sábado soleado del año 1999, con mi esposo e hija decidimos ir a almorzar a Antigua. Nos acompañó ese día un familiar que para mayores señas, era nacida y crecida en esta tierra de volcanes y lagos. Íbamos bajando la larga pendiente que está de antesala a la bella ciudad colonial, cuando nos topamos con un pick up maltrecho y viejo. Pero eso no fue lo que llamó nuestra atención. Sobre el piso de la batea del auto se podían ver apuñados unos cuerpos inertes, que a duras penas llevaban cubiertos sus rostros con algo parecido a una manta o vinil. De sus pies descalzos aún chorreaba sangre, como en una de esas pinturas macabras de Goya. El respetable vehículo era de la morgue del Ministerio Público. Más tarde nos enteramos que eran los muertos del accidente de un autobús que perdió los frenos.
Al ver la terrible escena grité indignada, reclamando la falta de humanidad, de respeto y dignidad hacia los difuntos, sus parientes y todos los que presenciábamos el drama. La tía de mi esposo, guatemalteca por los cuatro costados, me increpó diciendo “Y cómo quiere que los lleven, pué-es?”. Con sabiduría y más paciencia que yo, mi marido le respondió que lo normal y civilizado era trasladar a los muertos en vehículos cerrados y en condiciones más dignas. Para la tía esa barbaridad era lo normal, lo había visto desde niña. Ese trato inhumano para los marginados de siempre: los pobres, los que ni vivos, ni muertos, se les considera seres humanos con derechos y dignidad.
Esta semana el señor Vicepresidente de la República emite un juicio similar al de la tía, al decir que es algo común la muerte de neonatos en los hospitales por falta de higiene o hacinamiento. Hay que marcar algunas diferencias entre los dos personajes y debo decir que con una visible ventaja a favor de la tía. Ella no era una figura pública de la envergadura del doctor Espada, tampoco tenía educación universitaria; aunque bien dice Faciolince que hoy en día los tontos con diploma son más peligrosos porque nos confunden. Finalmente, la pobre tía dijo sus opiniones frente a unos parientes, mientras que el doctor lo hace para un medio de comunicación.
Esta absurda epidemia de las élites, que nos quieren hacer creer que las injusticias que pasan aquí son normales y comunes en el resto del mundo, es en el fondo un negarse a reconocer que todos los guatemaltecos y guatemaltecas son iguales en derechos.
De modo que viene siendo necesario decirle al señor Vicepresidente que en honor al cargo que ostenta como dignatario, representante del pueblo de Guatemala, ejerza su cargo y defienda la vida de estos recién nacidos; y que por su divina madre, no haga declaraciones que afecten este escuálido Estado de Derecho.
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