El monumento
- Miércoles 18 de Mayo de 2011 00:00
- Escrito por TocaActuar
¡Así que se quede, vos! - atribución: Library of Congress Prints and Photographs Division. Brady-Handy Photograph Collection - http://en.wikipedia.org/wiki/File:Washington_Monument_circa_1860_-_Brady-Handy.jpgSus admiradores querían reconocer al prócer. Este, siendo de temperamento discreto, se resistía. Se logró un acuerdo: una modesta estatua ecuestre reconocería ya en vida los aportes que había hecho a la patria.
Sin embargo, quiso el destino que el prohombre muriera cuando apenas se estaba colectando dinero para la estatua. Poco tardaron los legisladores en disponer cosa contraria a su voluntad: los dineros recogidos pagarían una suntuosa tumba, que guardaría para siempre los restos del que diera nombre a la ciudad y guía al pueblo. Terminado el sepulcro los familiares, más a tono con la voluntad del difunto, negaron rotundamente el permiso para trasladar el cadáver. Hasta la fecha yace en una sencilla cripta en su casa patronal, mientras el panteón permanece vacío.
La cosa no terminó allí, sin embargo. Un grupo de ciudadanos decidió honrar la memoria del hombre con un monumento, el más notable que se hubiera visto en la ciudad. Fueron legión las propuestas, a cuan más aventuradas. Al fin fue seleccionado un diseño. De lineas rectas, sencillo, invocaba al sol como fuente de luz, presidiría sobre toda la ciudada. Años más tarde sería visto como un gran falo que violaba al continente, pero para eso faltaba aún bastante.
Las obras comenzaron. El siglo era jóven, la patria poco mayor. Sin embargo, no faltó la debilidad humana, para sembrar rencillas y contradicciones entre los promotores de la iniciativa. Apenas andado un tercio del camino, se acabaron las fuerzas, y se acabó el dinero. El monumento incompleto serviría de bodega de carne. Cuentan que una vez un gato saltó desde su parte alta y vivió para contarlo. Bueno, para maullarlo.
Me da por pensar que en las cosas materiales los pueblos dejamos depositadas las lecciones que nos salen tan cara
Un cuarto de siglo más tarde, una nueva generación, esa que tuvo que renovar el pacto de sus próceres en la sangre de más de medio millon de soldados, retomaría al fin la obra. Cuatro años alcanzaron para terminar la construcción. Es aún hoy la más alta estructura humana hecha de piedra sin argamasa.
Al rondar por la ciudad y verlo - cosa que no es difícil desde cualquier ángulo - me da por pensar que en las cosas materiales los pueblos dejamos depositadas las lecciones que nos salen tan caras. Este monumento esconde un líder modesto, de esos que tanta falta hacen en mi patria. Muestra las consecuencias de la mezquindad humana, que convierte la causa común en objeto de disputa egoista. En este monumento se ve también la tenacidad para regresar sobre los valores fundantes, que deja retomar el camino aún cuando se pierda por mucho tiempo el norte.
Han pasado 125 años, pero aún se nota en sus paredes un cambio en el tono de la piedra. Marca el punto en que la estupidez pudo más que el propósito; cicatriz que, sin embargo, recuerda que sí es posible recomenzar y llevar a término la obra. Quiza dé para que nosotros escarmentemos en cabeza ajena.
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