¿De qué se trata la vida? (I)
- Miércoles 27 de Abril de 2011 00:00
- Escrito por Edgar Barillas
Nota del editor. Este artículo, primero de tres entregas, no se centra en los temas de política y sociedad que ocupan la mayoría del espacio en ¿Y ahora qué, muchá? Sin embargo, lo hemos visto como muy a propósito: no sólo viene inmediatamente después de la Semana Santa, un tiempo dedicado tradicionalmente a pensar en el sentido de la existencia, sino porque nos ayuda a reconocer que las discusiones del aquí y ahora que nos ocupan como guatemaltecos están íntímamemente vinculadas a las preocupaciones más grandes acerca del la naturaleza del cosmos, el sentido de la vida y el propósito de la sociedad humana.
¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? (detalle) - atribución: Paul GauginIntroducción
Nací en Guatemala, en un hogar católico de clase media. De mi educación primaria y secundaria no puedo agradecer más que la oportunidad de aprender a leer y a escribir. Las mayores enseñanzas vinieron después con la lectura y la relativa escasez con la que crecemos los clase-medieros.
Tomé los estudios y la religión con mucha disciplina. Fui reclutado en mi juventud por un grupo de oración del Opus Dei, que luego abandoné desencantado por sus prácticas elitistas. El alejamiento de los ritos católicos creció durante el ejercicio de la medicina y la salud pública en Guatemala y otros países, particularmente porque el sufrimiento humano del que fui testigo sembró profundas dudas sobre nuestro origen divino y la existencia de un dios que nos cuida.
Desde esos tiempos de confusión espiritual hasta la fecha me embarqué en la lectura de autores[1] que me ayudaron a encontrar las respuestas que más me satisfacen a tres preguntas que fueron colocadas hace más de cien años por Paul Gauguin en un famoso lienzo: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Para no abusar del espacio que ofrece ¿Y ahora que, muchá?, quisiera compartir con nuestros lectores –en tres entregas– algunas ideas alrededor de estos cuestionamientos existenciales.
El vecindario - atribución: lrargerich - http://www.fotopedia.com/items/flickr-4999906554¿De dónde venimos?
Confieso que no tengo idea qué hubo antes de la explosión cósmica que dio origen a nuestro universo hace billones de años. La evidencia disponible sugiere que, en ese momento los elementos primordiales de los que estamos constituidos y está hecho todo cuanto conocemos, y no conocernos, fueron lanzados desde una diminuta masa que concentró toda la materia existente. En una fracción de segundo después de aquella explosión el universo se infló a proporciones cercanas a las que conocemos ahora. Las temperaturas eran tan altas que todas las partículas elementales quedaron homogéneamente desperdigadas en una nube incandescente. El enfriamiento subsiguiente permitió que las partículas formaran átomos, y que estos se organizaran en gases y sólidos. La fuerza de gravedad agregó los sólidos en planetas y los gases incandescentes en estrellas. Un balance delicado entre la inercia que asegura el movimiento perpetuo de los planetas y la fuerza de gravedad que los atrae hacia una masa mayor, formó los sistemas planetarios y las constelaciones. Nuestro planeta Tierra fue en sus orígenes una masa incandescente de elementos recién formados. La costra donde ahora habitamos se enfrió de forma progresiva, pero las erupciones volcánicas y el movimiento lento pero constante de los continentes nos recuerdan que su núcleo todavía está en ebullición.
La Tierra es uno entre un incontable número de planetas en este vasto universo, pero su distancia media a una estrella de regular tamaño y una masa que genera una fuerza de gravedad de moderada intensidad, crearon las condiciones propicias para la generación de la vida. El oxigeno y el hidrogeno formaron agua. Las particulares características del carbono, permitieron la organización de cadenas complejas de azucares, ácidos y otras moléculas que prepararon el “caldo de cultivo” para la creación de la vida. Hace miles de millones de años una cadena de azucares y ácidos envuelta en una membrana fina de grasa hizo una copia de sí misma, y la segunda generación y todas las que le siguieron hicieron lo mismo. En los siguientes años los mares se poblaron de organismos unicelulares. Estos fueron los únicos seres vivos que habitaron la tierra por muchísimos años.
Esta cadena de azucares y ácidos (ahora conocida como ADN) contiene las instrucciones básicas para que los hijos se parezcan a los padres, en casi todas sus características. En este casi se encuentra el secreto de la diversidad biológica que ahora conocemos. Con frecuencia el proceso de replicación no es exacto, presentándose mutaciones que alteran de forma significativa la apariencia y funciones de los hijos. Estas mutaciones, debidas a alteraciones aleatorias en las “instrucciones” contenidas en el ADN pueden ser desafortunadas para el individuo, causándole la muerte inmediata o la incapacidad para sobrevivir y reproducirse; o afortunadas, permitiéndole una mejor adaptación a su ambiente y, consecuentemente, una mayor probabilidad de sobrevivir y reproducirse. La mayor parte de mutaciones desafortunadas, por lo tanto, no son heredables a las nuevas generaciones. Aquellas que confieren ventajas son trasladadas a los hijos, que nuevamente tienen ventajas en comparación con otros individuos para sobrevivir, reproducirse y transmitir estas características a la siguiente generación.
En la evolución de las especies, el hombre es un recién llegado.
De esta forma, las mutaciones “afortunadas” se hicieron dominantes y definieron las características de las nuevas especies. En la lucha constante por la sobrevivencia y la reproducción biológica, esta serie de mutaciones permitió, en el curso de millones de años, que algunos organismos unicelulares se hicieran multicelulares, que algunos de ellos desarrollaran extensiones para movilizarse en el agua, que después modificaron para hacer exploraciones en tierra firme. Los que se aventuraron encontraron sobre el suelo abundancia de alimentos y progresivamente cambiaron las branquias por pulmones, las aletas por patas y las escamas por plumas o pelos. Este proceso se ha repetido por millones de años y generaciones. La acumulación de estos cambios bajos diversas demandas del ambiente hizo que la tierra se poblara con una inmensa variedad de especies vegetales y animales. Muy pocas han logrado sobrevivir hasta nuestros días, y solo sabemos de ellas cuando se tiene la fortuna de encontrar su organismo fosilizado en rocas muy antiguas.
En la evolución de las especies, el hombre es un recién llegado. Hace aproximadamente 100,000 años un mamífero, parecido a los simios actuales, adquirió progresivamente una posición erecta, habilidades especiales con sus manos, emitió sonidos complejos para comunicarse y desarrolló un cerebro voluminoso con capacidad de pensar y sentir; habilidades que no son más que estrategias evolutivas para sobrevivir y transmitir su carga hereditaria a una siguiente generación.
Los humanos tempranamente aprendieron que las probabilidades de sobrevivir y reproducirse aumentan mediante un fino balance entre competencia y cooperación. Con estos propósitos combatieron a tribus adversarias y se organizaron en pequeños grupos para cazar. Durante miles de años grupos de nómadas se movilizaron a sitios donde las presas eran abundantes. La agricultura y la ganadería, prácticas relativamente recientes en la historia de la humanidad, permitieron el crecimiento demográfico y la liberación de tiempo para el arte y el desarrollo de tecnología. No sorprende, por lo tanto, que los grupos sociales mejor organizados y más avanzados desde el punto de vista tecnológico surgieran, precisamente, en aquellos lugares que tuvieron el privilegio de contar con un clima que permitiera la siembra de cereales de alto valor nutritivo (el Medio Oriente actual) y la domesticación de animales salvajes (Europa y Asia).
Las primeras generaciones de humanos en contacto estrecho con animales domesticados adquirieron enfermedades originadas de mutaciones de sus gérmenes. Los hijos de los sobrevivientes y las generaciones futuras heredaron las defensas inmunológicas necesarias para resistirlos. Muchísimos años más tarde, grupos menos privilegiados por la naturaleza y la geografía (en América y Africa, por ejemplo) fueron fácilmente sometidos por aquellos que tuvieron ventajas naturales para sembrar, domesticar animales, desarrollar inmunidad contra enfermedades, crecer demográficamente y construir tecnología de guerra.
En la siguiente entrega: ¿Quiénes somos?
Notas
1. La mayor parte de datos e ideas las tome prestadas de una la larga lista de autores que incluyen a Jared Diamond, Richard Dawkins, Daniel Dennett, Karen Armstrong, Charles Seife, F.B.M. de Waal, Roland Wright, Marck Hauser, Michael Shermer, Bart Ehrman y Sam Harris, entre otros.
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