De madre a hija
- Miércoles 13 de Julio de 2011 00:00
- Escrito por Lilith
Todo un príncipe. Sin titulo - atribución: Petr Jan Juračka - http://www.fotopedia.com/items/scientik-Er-SRbiXI38Llegó de un momento a otro a la adolescencia, y brotan en su cabeza un montón de dudas acerca de su opuesto. No tiene novio aún, pese a mi insistencia de que socialice con el sexo opuesto y de que conozca a chicos de todos los colores, tamaños y peso. Siento la angustia de pensar que está buscando un príncipe azul, y le advierto con cierto enojo que tal cosa no existe. Todos los hombres y también las mujeres tenemos características positivas y negativas. Cosas que nos gustan y otras que nos disgustan.
Le cuento que cuando yo me iba a casar, el sacerdote en vez de hacerme la pregunta de siempre, de por qué me quería casar, para que yo graznara -como poseída- sobre todo lo maravilloso que era mi noviecito, el cura mejor decide preguntarme, ¿qué era lo que no me gustaba de mi prometido? Eu que ficaba boca fechada, fiqué boca aberta y caí de costas, como suele decir un amigo brasileño. Me fui de espaldas, no supe que contestar, pues estaba anonadada por todo lo bueno que veía en mi pareja. La pregunta del cura me pareció casi ridícula. Hoy a la distancia, y con veinte años de matrimonio, no sólo soy capaz de decir qué es lo que no me gusta de mi compañero, sino que además me parece que la pregunta del cura era absolutamente sensata y necesaria.
Le digo que conocer a un individuo no es tarea fácil, requiere tiempo y mucha convivencia. Le insisto en que no sólo se trata de saber su sabor de helado favorito, o su canción preferida, o todas esas babosaditas de las que hablan las revistas de vanidades. Recalco con vehemencia que lo importante es saber sus sueños y aspiraciones. Saber qué lo hace llorar, y qué lo haría extremadamente feliz. Si es hombre, sería bueno saber si se enardece por algo más, aparte de cuando le quitan el control del TV. Y si es mujer, convendría saber si aparte de dar la vida por un par de zapatos, estaría dispuesta a dar una parte de su tiempo o dinero por otra causa.
Conocer a un individuo no es tarea fácil, requiere tiempo y mucha convivencia.
Le recomiendo a mi hija que conozca a muchos, que salga con todos, que se enamore muchas veces y de distintas maneras. Sonrío y le digo que sólo así irá definiendo qué pareja quiere. Para decidir finalmente, pero con más seguridad que la mía, por qué quiere compartir una vida con alguien, a pesar de las debilidades que le nota.
Creo que mi hija no me para mucha bola cuando le hablo de todo esto, pero tengo la esperanza de que, si repito y repito la misma canción, algo le quedará.
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