Enfoques de prevención del crimen
- Lunes 01 de Agosto de 2011 00:00
- Escrito por Carles Darío Bardal
Police (Policía) - atribución: Banksy
Guatemala es uno de los países con más altas tasas de crímenes en América Latina, con una particular propensión a los crímenes violentos. En los últimos diez años se ha presentado un auge espectacular de tales crímenes. Esto contrasta con la expectativa que se tenía de la seguridad como un dividendo de la paz, tras el cese del enfrentamiento armado interno. También contrasta con el crecimiento notable de las inversiones en seguridad y el personal, equipamiento y tecnologías de los operadores de justicia, tanto públicas como privadas.
Algo no está bien, y ya en las elecciones pasadas había un debate sobre la mejor forma de enfrentar al crimen: ¿mano dura o inteligencia? El período de gobierno que buscaba combatir el crimen con inteligencia se acerca a su final, y se observa una notable ventaja en intención de voto del candidato cuya estrategia era la mano dura contra la delincuencia. Cabe ahora preguntarnos qué significa la prevención del crimen, cuáles son los contenidos ideológicos y políticos detrás de cada propuesta de prevención y qué resultados han mostrado los diversos enfoques cuando se han llevado a la práctica.[1]
El enfoque conservador tiene como referente conceptual clave el control de la criminalidad. La estrategia principal que sigue es la reducción de las oportunidades para cometer crímenes, y dirige sus esfuerzos a la delincuencia callejera convencional. El concepto en que se basa es el de elección racional, que explica que la probabilidad de que alguien cometa un crimen depende del balance que la persona haga de los beneficios de cometerlo contra los costos que podría tener el ser atrapado. El enfoque conservador le apuesta a las acciones de protección y vigilancia como respuesta ante la criminalidad. Esto significa inversiones importantes en bienes y servicios que permitan cumplir esas funciones. En este enfoque, la comunidad se considera un apoyo a la fuerza policial. Entre las limitaciones de este enfoque se encuentran una definición estrecha de actividades criminales a las que aplica, y la orientación hacia la exclusión social de los infractores/ofensores.
Nos toca a los ciudadanos informarnos, aprender y demandar planteamientos más serios.
El enfoque liberal considera que la criminalidad es un problema social. En consecuencia sigue como estrategia central la ampliación de las oportunidades para los grupos postergados de la sociedad. Trata de prevenir sobre todo la delincuencia común, bajo la premisa de que el crimen es resultado de una patología social o individual. La manera en que se busca reducir el crimen es por medio de cerrar los déficit sociales y de mejorar las oportunidades para los ciudadanos. La comunidad tiene un rol de autoayuda, de desarrollo comunitario. Se ha señalado entre sus deficiencias que se dirige solamente a las formas de crimen asociadas, a veces prejuiciosamente, con la escasez de recursos. Por tanto aplica solamente a un rango estrecho de actividades criminales.
El enfoque radical del crimen (en el sentido que intenta ir a la raíz del problema) tiene como referente conceptual la justicia social. Por esta razón, su estrategia principal es la lucha política. Bajo este enfoque, no solamente importa el crimen callejero y de pequeña escala, sino los crímenes de largo alcance que cometen grupos poderosos y con niveles de organización y fachadas de legitimidad que frecuentemente los dejan más allá del alcance de la operación de la justicia. El enfoque radical entiende la gestación de crímenes como resultado de la marginalización de algunos grupos, de la alienación social de otros, y de la competencia del mercado. En este sentido, intenta responder al crimen mediante el empoderamiento ciudadano y la reducción de las desigualdades sociales. La comunidad es entendida como la confluencia de actores sociales de cambio, capaces de adquirir niveles crecientes de conciencia y solidaridad. Esto no está por supuesto garantizado, y ese idealismo se cuenta entre sus debilidades; otra es la definición extensa de actividades criminales que intenta cubrir.
En Guatemala hemos destinado gran parte de los recursos de seguridad a una estrategia de contención del crimen orientada a la persecución criminal y el aumento de la capacidad de vigilancia/contención de la actividad criminal. Solo una parte de las intervenciones se costean con fondos públicos: aquí el enfoque conservador es tributario de la mentalidad contrainsurgente /represiva /individualista y basada en privilegios de posición social que le apuesta a la capacidad de pago de agentes de seguridad privada, guardaespaldas, cámaras de vigilancia y dispositivos de localización satelital.
Recientemente se han iniciado esfuerzos para que las comunidades participen en estas acciones de vigilancia y protección, desde la unidad de prevención comunitaria de la violencia (UPCV) del Ministerio de Gobernación. Con un rol auxiliar a la policía y una respuesta de protección y vigilancia, esta estrategia sigue también el enfoque conservador, y desde ese marco ha generado experiencias que pueden considerarse alentadoras.
Sin embargo, tenemos una serie de agendas pendientes en materia de investigación y evaluación para generar la evidencia que sustente una estrategia de seguridad ciudadana con una amplia comprensión de las actividades criminales. Para mencionar algunas, la vinculación entre inversión social y crimen, entre educación, empleo y crimen, y entre tecnologías de vigilancia / protección y crimen. Estos últimos diez años, que descorazonan por sus contrastes entre esfuerzo y resultados, esconden la mayor parte de las explicaciones de lo que no estamos haciendo bien, y de lo que sí funciona.
El crimen de cuello blanco, el tráfico de armas y violencia, la transformación de las fuerzas en conflicto en fuerzas criminales y la penetración del Estado por intereses ilícitos, son prioridades en el análisis y comprensión de los cambios en las estrategias de inteligencia civil y seguridad ciudadana. Al parecer, nos toca a los ciudadanos informarnos, aprender, demandar planteamientos más serios de las autoridades actuales y también de quienes, por razones que no alcanzo a entender, aspiran a tomar en sus manos esa estafeta incandescente.
Nota
1. El análisis de modelos de crimen y sus bases ideológicas está basado en White, Robert (1996) Situating crime prevention, models methods and political perspectives. En: The Politics and Practice of Situational Crime Prevention. Ross Homel (editor). Crime Prevention Studies, Vol 5, Criminal Justice Press, Monsey, New York, EEUU.
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