El guaro
- Miércoles 10 de Agosto de 2011 00:00
- Escrito por Corleone
Haciendo nálisis de coyuntura. In the cantina - atribución: majunznk - http://www.flickr.com/photos/majunznk/4617122301/ “Al que no le guste el guaro es un animal”, dice una vieja canción de la Universidad de San Carlos; y como es sabido, Miguel Ángel Asturias, el escritor, estaba convencido de que aquí, en Guatemala, sólo se puede vivir loco o “a verga”. Ejemplos así, y muchos otros que podrían venir al caso, debieran bastar para tener una idea de lo que representa en nuestra cultura ingerir licor y exponerse a sus efectos. Es más, lo dicho por Asturias lo podría asumir con certeza cualquier habitante de Latinoamérica, en cualquier país que se encuentre.
Aclaro, desde ya, que no pretendo iniciar una cruzada a favor – o en contra – del guaro, sino más bien llamar la atención hacia el grado de consumo alcohólico que muestran las sociedades humanas reprimidas en el ejercicio de sus derechos y placeres. Quiero meditar si no será ese alcoholismo, endémico y socialmente aceptado, un parámetro útil para medir el grado de insatisfacción que padecemos.
Las emociones individuales, las costumbres y los imaginarios, con frecuencia se ven representados en el arte, sobre todo en la palabra y la música. Para notarlo sólo hay que escuchar los corridos mexicanos, repletos de rebeldes antiguos y narcotraficantes modernos, los vallenatos colombianos de la explotación colonial, las historias contadas a través de la samba brasileña, o las canciones de Alfredo Zitarrosa, Tito Fernández y Atahualpa Yupanqui, voces del pueblo rural sudamericano; todas ellas humedecidas en licor.
Bajo su influjo resulta más sencillo echar a volar la lengua, las ideas y los sueños.
Sin importar el tema que se trate, aquí el guaro participa en la alegría y la tristeza, en el éxito o el fracaso, en la paz y en la guerra; aunque su consumo es más alto cuando las cosas se ponen difíciles, en tiempos de sufrimiento e incertidumbre.
“Evasión” – dirán los sicólogos –. Seguramente; pero quizá no sólo eso. Así como a veces el guaro destruye a quien lo toma, en ocasiones es capaz de provocar actitudes valederas. Alrededor de mesas pobladas de vasos que se vacían, se puede, cuando no hay otra vía, ahuyentar los complejos y creer que tiempos mejores son posibles. Además, bajo su influjo resulta más sencillo echar a volar la lengua, las ideas y los sueños. Si uno se atiene a relatos y leyendas, en compañía del tequila cabalgaron Villa y Zapata, con ron planificaron Fidel y el Che, con guaro Turcios y Yon, con miche Bolívar, con cachaza Mendes y con caña quemada De San Martín. Qué decir de Neruda, Cardenal, Cortazar, Parra, Arce, Castillo y el mismo Asturias, todos ellos partes fundamentales de una larga lista de luchadores y poetas latinoamericanos, notorios en épocas tortuosas para las sociedades de su tiempo.
Por supuesto, el valor, los ideales y la imaginación de estos hombres no surgieron de los tragos, pero no podría decirse lo mismo, al menos no con similar contundencia, del contexto en que se concibieron sus obras. Sería arriesgado descartar, sólo porque sí, que hayan sido consecuencia, al menos en parte, de lo que unos tragos influyeron sobre la mente y el ánimo de los actores, más aún a la hora de compartir y conversar con amigos y compañeros.
No obstante, y es preciso mencionarlo, los efectos de libar pueden llegar a ser nefastos. Es verdad: por beber en exceso se dañan partes vitales del organismo, ocasionando muertes horribles. Por el alcoholismo crónico se echan a perder vidas valiosas y oportunidades de cambio. Además, según las estadísticas, por su causa aumentan los accidentes, los crímenes y el embrutecimiento de la sociedad en su conjunto. Está claro que en medio de la embriaguez consuetudinaria, no se levanta la cabeza ni siquiera para buscar la dignidad. Debe ser cierto que calificar al guaro de malo o bueno es cuestión de medida; como todo, diría Alberto Cortez.
De modo que, para concluir pronto y sin establecer juicios, digamos que los latinoamericanos, ante las crisis que se nos plantean, con frecuencia recurrimos a la compañía, el licor y la palabra para intentar hazañas y acometer utopías. Entonces – me digo –, si mi país continúa sumido en la desigualdad y la violencia, si transito aquí una vida de limitaciones cotidianas en gustos y derechos, y si además soy un latinoamericano típico, ¿qué de extraño tiene – tanta vuelta para aterrizar –, que a veces busque atrapar el hada azul con versos y vino? Salud.
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Comentarios
El tema, algunos que algunos habiamos pensado la conocer la realidad ... nunca hemos sido capaces de poner tan certeras palabras o reflexión.
Será un placer leerles, a paritr de ahora desde España.
¡¡¡¡Hacen tanta falta espacios de reflexión lúcidos!!!
Un cordial saludo y ¡¡CONTINUEN ADELANTE!! Lourdes Bermejo
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