Cuando el tejido social queda en hilo dental: redes políticas familiares
- Lunes 15 de Agosto de 2011 00:00
- Escrito por Dangredojor
En confianza... "Famiglia" (fragmento) - atribución: Sérgio Castrø - http://www.flickr.com/photos/inhalingsounds/4797016391/Los periódicos escritos han estado publicando artículos sobre las redes familiares que controlan las candidaturas en diferentes departamentos. Se señala que es lamentable y vergonzoso para una democracia el hecho de que candidaturas en determinados lugares estén acaparadas por grupos familiares.
Por supuesto, las dinastías políticas han estado presentes en democracias de todo el mundo. Basta recordar grupos familiares como los Kennedy, los Gandhi o los Frei en países distintos pero con tradición democrática como Estados Unidos, India y Chile, para ver que esto no es tan extraño. Lo que debiéramos preguntarnos es qué elementos hacen que el mismo fenómeno sea preocupante en Guatemala, si al parecer no ha dañado notablemente las instituciones estadounidenses, indias o chilenas.
La respuesta está precisamente en la palabra instituciones. Mientras que Estados Unidos, India y Chile cuentan con instituciones más o menos sólidas, que pueden absorber este tipo de familias sin problemas, en Guatemala, lo que vemos es un proceso de debilitamiento constante de las instituciones.
La descalcificación de las instituciones (para utilizar una figura médica) es la expresión de un problema más de fondo. De eso es de lo que interesa hablar.
En los últimos años, autores como Robert Putnam y Francis Fukuyama han hablado de la importancia de lo que se conoce como Capital Social, como el elemento secreto que, en economía, hace posible funcionar el sistema capitalista. Es decir, las relaciones sociales entre individuos que crean confianza y permiten reducir los costos de las transacciones. Derivado de la definición de capital social de Putnam, otro autor, Peter Turchin, rescata el concepto de asabiya de la obra Muqaddimah (“Introducción a la Historia Universal”) de Ibn Jaldún, y llega a la conclusión de que la forma primordial del capital social (la mencionada asabiya) es lo que permite a determinadas sociedades convertirse en imperios. La asabiya, en la obra de Turchin[1], se refiere a la solidaridad social, con énfasis en la consciencia de grupo y su unidad. Esta solidaridad rebasa los límites de la familia y de la tribu, e Ibn Jaldun la aplica para explicar la cohesión social de las federaciones tribales que, periódicamente, asumieron el control de las ciudades magrebíes, de Egipto a Marruecos.
El horizonte de confianza de muchos actores políticos es tan reducido que no puede salir de los límites de la familia.
La conclusión de estos autores es que aquellas sociedades que logran desarrollar su asabiya (y su variante moderna, el capital social), son las que consiguen el desarrollo y la prosperidad. Las que no lo logran, pues están condenadas a la pobreza y la inestabilidad.
En la obra de Turchin, la carencia de asabiya se expresa en la capacidad de una sociedad para construir vínculos por encima de la tribu y la familia. Ibn Jaldún estudia en su obra, cómo las federaciones tribales prevalecían sobre elites divididas y conquistaban las ciudades, pero las mismas condiciones de prosperidad y seguridad hacían que la asabiya de la federación decayera, hasta que el grupo dominante resultaba tan dividido y débil como el que había sustituido antes. En ese momento, otra federación tribal, con una asabiya alta, tomaba el poder en la respectiva ciudad y volvía a reiniciar el proceso.
Para estos autores, la falta de asabiya genera costos y problemas que estorban el proceso de desarrollo. Putnam[2] señala el caso italiano: el norte tiene una de las tasas de desarrollo más altas de Europa, mientras el sur (el Mezoggiorno) tiene patologías graves como el control de las diversas organizaciones del crimen organizado en la economía y sociedad regional. Fukuyama[3] señala que la carencia de confianza más allá de la familia extensa en Italia impide el desarrollo de grandes empresas y obliga a la economía italiana (tanto del norte como del sur) a depender desproporcionadamente de las empresas familiares. Algo que, aunque falta información al respecto, pasa también en Guatemala.
En el caso guatemalteco, ya es un lugar común decir que se trata de una sociedad fragmentada, dividida y donde (a nivel económico) las empresas no son capaces de superar el nivel familiar. Pero lo preocupante de las historias de redes políticas familiares que señalamos al comienzo es que parecen indicar que dichas características, en el nivel político, se han agudizado.
Las organizaciones sociales de todo tipo, especialmente los partidos políticos, siempre han sido débiles en Guatemala. Aún en la mítica edad de oro de 1945-1954, los partidos políticos conocieron procesos de división, fusión y desaparición constantes. Paradójicamente, el período en que los partidos políticos estuvieron más cerca de funcionar mejor y de convertirse en instituciones sólidas fue en el período siguiente, el de las dictaduras militares de 1954 a 1985. Se pueden decir muchas cosas malas de partidos como la Democracia Cristiana, el Partido Revolucionario o el Movimiento de Liberación Nacional, pero algo que nadie puede poner en duda es que hablamos de verdaderos partidos políticos.
El período posterior a 1985 es un regreso a la condición de 1945-54, pero acelerada. Los partidos se forman, se juntan, se separan y desaparecen a gran velocidad. El deterioro se expresa también en las redes familiares. Los partidos de 1945-54 eran criticados (en esa época) por ser “grupos de amigotes” que se juntaban para llevar a determinada persona al poder (desde donde esta persona se iba a ocupar de dar empleo a todo el grupo).
Lo que las redes familiares indican es que el tejido social se ha rarificado tanto, que los actores políticos ya ni siquiera tienen amigos de confianza (ni hablar mejor de la posibilidad de realizar acciones comunes con gente desconocida). El horizonte de confianza de muchos actores políticos es tan reducido que no puede salir de los límites de la familia. Es asabiya y capital social en sus mínimos.
El resultado es parecido al familismo amoral de la sociedad del Mezzogiorno, descrito por Edward C. Bainfield[4]. Bainfield, interesado en conocer el funcionamiento de la mafia en el Mezzogiorno italiano, estudia un pueblo al que da el nombre ficticio de Montegrano. Allí el autor observa una sociedad familio-céntrica, egoísta, donde sus actores están listos a sacrificar el bien público por el nepotismo y el beneficio de la familia extendida. Estas redes familiares, en condiciones específicas, daban origen a las familias mafiosas en sus diversas variantes (Cossa Nostra, Camorra, N’Draghetta, Sacra Corona de Puglia).
Banfield creía que el atraso del sur de Italia se debía explicar en gran parte (pero no exclusivamente) por la inhabilidad de su población para actuar conjuntamente por el bien común, superando sus intereses materiales inmediatos y los de su familia nuclear y en menor grado, extendida. Para Bainfield, los problemas de Montegrano tenían su raíz en la desconfianza, la envidia y la sospecha mutua de los habitantes. Estos se negaban a colaborar entre sí, a menos que pudieran recibir alguna ganancia concreta. Muchos vecinos trataban de poner zancadilla a los demás, creyendo que la buena fortuna de los demás implicaba un daño a sus intereses. Es decir, la famosa historia de la olla con cangrejos… La vida en Montegrano era un campo de batalla, en el que prevalecía el aislamiento social y la pobreza. Simplemente, los habitantes de esta comunidad eran incapaces de juntarse y unir recursos en proyectos comunes.
La existencia de las redes familiares en tantos lugares del país, es un síntoma de que el deterioro del tejido social, generado tras tantos años de represión y violencia política, no se ha revertido. En ciertos lugares incluso se ha agravado. Esto es mala noticia para las posibilidades del desarrollo del país. La multiplicación de “Montegranos” en cada vez más comunidades guatemaltecas (especialmente en esta época de implantación de mafias tipo Cartel de Sinaloa o los Zetas) abre la posibilidad de una Sicilia o Calabria chapinas en el país.
Notas
1.Turchin, Peter (2007).War and Peace and War: The Rise and Fall of Empires (Guerra y paz y guerra: auge y caída de los imperios). Penguin Group.
2.Putman, Robert (1993). Making democracy work: civic traditions in modern Italy (Para hacer funcionar la democracia: tradiciones cívicas en la Italia moderna). Princeton, Princeton University Press.
3.Fukuyama, Francis (1996).Confianza. Las virtudes sociales y la capacidad de generar prosperidad. Buenos Aires,Editorial Atlántida.
4. Bainfield, Edward C. (1958). The moral basis of a backward society(Las bases morales de una sociedad atrasada). Glencoe, Illinois. Free Press.
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