Noruega y Guatemala
- Miércoles 03 de Agosto de 2011 00:00
- Escrito por Walter Flores
Estar allí... - Oslo The Day After - atribución: Endre Vestvik - http://www.flickr.com/photos/endrevestvik/5966713047/Para los que creemos en sociedades incluyentes, equitativas y con estados fuertes, los países nórdicos son los modelos de referencia. Ya sea por desarrollo económico, desarrollo humano o responsabilidad social de sus corporaciones, dichos países siempre están a la cabeza.
El ataque terrorista reciente en Noruega ha sido una afrenta, no solo para los propios noruegos, sino para todos aquellos que creemos en los valores que fomenta dicha nación. Usualmente, los ataques terroristas tienen una explicación más o menos clara. En este caso, no es así.
Lo sucedido en Noruega es desconcertante. Dos actos terroristas ejecutados por un ciudadano noruego, de clase media, repleto de odio hacia los inmigrantes y hacia los esfuerzos de inclusión social, libertad y democracia que promueve su propia sociedad. Si el atacante hubiera sido un inmigrante afiliado a una red terrorista, o si hubiera decidido dirigir su odio hacia la población inmigrante hubiera sido, de cierta forma, más fácil de explicar.
Sin embargo, el ataque fue dirigido a las instituciones del gobierno Noruego y al capital humano más importante de esa sociedad: la juventud que se preparaba para ser los líderes políticos del futuro. El atacante no actuó al azar sino tenia perfecto conocimiento de cuales eran los activos más preciados y significativos de esa sociedad.
Necesitamos a Noruega. La necesitamos para demostrarnos que existe algo diferente.
Lo más triste y decepcionante es cómo la derecha, tanto en Europa como en el resto del mundo - incluso aquí en Guatemala - está también atacando el modelo de gobierno noruego. Algunos dicen que la tragedia fue causada por tanta apertura de la sociedad y el exceso de confianza del gobierno en sus propios ciudadanos: que si hubiera un sistema de inteligencia (violatorio a la privacidad) como existe en el resto de países Europeos, esto no hubiera sucedido.
La explicación de un analista europeo llamó mi atención. “Noruega ha implementado un sistema igualitario radical en el cual los que piensan de alguna forma diferente, se sienten excluidos”. Esa explicación me pareció similar al dicho popular “ningún extremo es bueno” o aquel otro de “todo con moderación, nada con exceso”. Si el extremo de la desigualdad es Guatemala y el extremo de la igualdad es Noruega, realmente yo prefiero sistemas radicales igualitarios y prefiero el exceso en la inclusión social. El sistema noruego, que la derecha ataca ahora, hace que los partidos políticos formen a sus cuadros jóvenes en campamentos de verano. En comparación, los partidos políticos en Guatemala se acercan a la juventud reunida en antros, a través de cancioncitas sosas o grupos de baile que visten los colores del candidato que promueven. La estrategia mas reciente son los “DipuKids”, jóvenes con motivación pero a quienes los partidos políticos no les dan formación.
Los analistas responsables no emiten opinión aún y han dicho que es necesario recabar más información sobre el perpetrador y sus motivaciones, así como su círculo inmediato. Ello para entender cómo pudo suceder algo así.
Mientras eso sucede, me parece vital lo expuesto por el primer ministro noruego. Ante estos hechos atroces, “Noruega los enfrentará con más democracia, más apertura y mayor inclusión.”
Necesitamos a Noruega. La necesitamos para demostrarnos que existe algo diferente al capitalismo de casino y a la exacerbación de la desigualdad - ambos principales características del orden mundial actual.
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