Elecciones en Guatemala y límites sistémicos del liderazgo político (I)
- Miércoles 17 de Agosto de 2011 00:00
- Escrito por David
Verdad a medias - "Mitín" - atribución: Andrés Soria - http://www.irreverendos.com/wp-content/uploads/2011/07/MITIN.jpgQué podemos esperar
Las elecciones que se celebrarán el próximo 11 de septiembre de 2011 en Guatemala han despertado la ambición de una docena de candidatos a la Presidencia de la República. Casi todos alineados a la derecha, con ligeras variantes sostenidas más por el estilo individual que por cuestiones programáticas, cada candidato se presenta armado con argumentos de vendedor y poderes de superhéroe como la solución a las emergencias más notorias y críticas de un país agobiado por la pobreza, violencia, impunidad, inequidad, incubadas por lo que pocos reconocen como el patrón histórico de exclusión del estado y la sociedad.
Sin embargo, en un ejercicio de realismo y sinceridad, se puede afirmar de manera categórica que ninguno de los candidatos que resulte elegido será capaz por si mismo de transformar de manera efectiva los problemas que promete resolver ahora. Aunque resulte incómodo admitirlo, la capacidad y el poder político del nuevo gobernante, y su círculo inmediato de allegados, alcanzarán para generar apenas tres cambios principales, por lo demás superfluos e insuficientes para alterar significativamente el actual estado de cosas. Se trata de los siguientes:
- Ascenso de los colaboradores de campaña a puestos públicos: dado que el país carece de un servicio público profesional e institucional, los activistas, ideólogos y profesionales del equipo de campaña del candidato ganador cumplirán el consabido ritual de sustituir al actual funcionariado de las instituciones dirigidas por el Poder Ejecutivo del Estado, cobrando así la factura del tiempo y el voto invertidos.
- Acceso de los financistas de campaña a la lista de proveedores y otros privilegios del Estado: como de costumbre, los financistas de la campaña ganadora aparecerán sin falta en la lista de proveedores o concesionarios de obras y servicios para la nueva administración pública. Para guardar las apariencias y evitar desgastes políticos, incluso es probable que estos nuevos proveedores acepten someterse a los mecanismos formales de compras del Estado.
- Cambios mínimos, con escasa profundidad, en distintos sectores de las políticas públicas: como ha sido usual en los últimos gobiernos, es probable que el nuevo gobierno genere algunos productos de política pública en áreas sensibles, pero sin afectar la dinámica perversa de los problemas de fondo. Por ejemplo: aumento del número de efectivos de seguridad pública, esfuerzos por reducir el número de muertes violentas, aumento de los beneficiarios de programas sociales.
Naturaleza compleja y sistémica de los problemas del país
Los limitados alcances transformadores que tienen los presidentes en Guatemala, como quizá en cualquier otro país en desarrollo, se explican principalmente por la naturaleza sistémica y compleja de los problemas que afectan a los estados y sociedades democráticas, que se hacen más evidentes en un mundo global interconectado. Hay por lo menos tres teorías científicas que fundamentan esta explicación:[1] la teoría de sistemas generales, la teoría de la complejidad, y la teoría de la autopoiésis.
En términos específicos, este cuerpo de conceptos proponen cuatro criterios para calificar la complejidad y el contenido sistémico de los problemas, ante los cuales se estrellan las promesas retóricas de los lideres políticos que compiten en las elecciones:
En un país de profundas asimetrías y emociones en conflicto, se requiere superar los enraizados esquemas de negación de la legitimidad del otro como pre-condición para generar una mínima dosis de confianza.
- Los problemas están determinados por múltiples factores: en tanto anomalías visibles de sistemas sociales complejos, los problemas de la democracia y el desarrollo tienen múltiples factores interrelacionados que operan como causas y efectos. Es decir, no responden a factores unicausales ni unilaterales sino multirelacionales. Así, por ejemplo, los planteamientos de que el problema de seguridad pública se resuelven con “mano dura” o con “la pena de muerte”, como sugiere un par de candidatos, sólo se pueden aceptar como ardides retóricos pero nunca como soluciones reales.
- Las soluciones implican a múltiples actores interesados o afectados: la solución de los problemas de salud, educación, seguridad, justicia, pobreza, desigualdad, para citar los más relevantes, comprometen la participación de múltiples actores interesados o afectados directa o indirectamente por los mismos. Se precisa de un auténtico ejercicio de colaboración y asociatividad, independientemente de las categorías sociales donde se ubica cada actor: indígenas, no indígenas, hombres, mujeres, empresarios, obreros, lideres y lideresas de sociedad civil. Para ello, en un país de profundas asimetrías y emociones en conflicto, se requiere superar los enraizados esquemas de negación de la legitimidad del otro como pre-condición para generar una mínima dosis de confianza.
- Las soluciones sólo son posibles en la continuidad histórica de acciones de corto, mediano y largo plazo: dada su naturaleza sistémica o estructural, los principales problemas de la democracia y el desarrollo de Guatemala no se pueden resolver en el corto plazo de un período presidencial de 4 años. La efectividad y el impacto de cualquier solución sólo es posible en un escenario en el que se encadenen acciones de corto, mediano y largo plazo, algo que exige un estilo de gobernanza que priorice una visión de Estado por encima de una mirada sectaria de grupo o partido político.
- Los cambios en los sistemas sociales están determinados por su propia estructura: en tanto relacionados entre sí, los problemas del país –como se dijo antes- son anomalías de comunidades humanas que operan como sistemas sociales complejos. De ahí que, de acuerdo a la teoría sistémica, cualquier cambio que ocurra en su interior será determinado por la dinámica de su propia estructura[2] y no por la acción de un agente externo que actúa desde el entorno, como es el caso de los líderes políticos que se postulan a la presidencia. Las pretensiones de transformación de este agente externo están limitadas a ejercer algún grado de incidencia significativa en dicha dinámica, siempre que se atienda las tres premisas sistémicas descritas en los párrafos anteriores, a saber: multiplicidad de factores interconectados, asociatividad y continuidad histórica de los procesos.
En la siguiente entrega: Fracaso del concepto de líder como solución a problemas sistémicos
Notas
1. Capra, F. Conexiones Ocultas. Anagrama, España, 2004; Morín, E. (www.edgarmorin.org); Maturana, H. 1972. Autopoiesis and Cognition: The Realization of the Living. Boston Studies in the Philosophy of Science, Vol. 4
2. Maturana, H, y F. Varela. El Arbol del conocimiento. Las bases biológicas del conocimiento humano. Unifrag. España.
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