Elecciones en Guatemala y límites sistémicos del liderazgo político (y II)
- Lunes 22 de Agosto de 2011 00:00
- Escrito por David
Juntos es mejor - "Reunión sobre un proyecto de minería, 2005" - Friends of the Earth International http://www.flickr.com/photos/foei/5761547018/Fracaso del concepto de líder como solución a problemas sistémicos
Anteriormente: Qué podemos esperar
En adición a los cuatro criterios utilizados anteriormente para calificar el contenido complejo y sistémico de los problemas nacionales, hay un quinto argumento que explica el fracaso anticipado de las promesas electorales de los candidatos presidenciales guatemaltecos. Se trata de la naturaleza de la figura de líder o lideresa que utilizan para construir su oferta electoral.
El líder o lideresa se puede definir como aquella persona a quien se le atribuye cierta capacidad especial para asegurar que los resultados esperados de un proceso o acción se cumplan tal como él o ella los ha especificado. Para realizar esta misión, se apoya fundamentalmente en la coordinación de la obediencia y el sometimiento de sus dirigidos, mediante recursos que pueden ir desde la persuasión y los premios hasta las amenazas y los castigos.
Sin embargo, este concepto de líder o lideresa, cualquiera sea su apellido (visionario, autoritario, democrático) no es una solución adecuada a los problemas que promete resolver, porque –entre otras cosas– constituye una respuesta lineal, jerárquica, rígida y cortoplacista, a problemas sistémicos y complejos, que exigen ante todo ser vistos y tratados como tales.
Para conservar su posición, el líder o lideresa centra su energía en el resultado de su propio hacer y no puede distinguir el proceso relacional de convivencia humana que implica y sostiene su misión. Al operar de este modo, se niega –consciente o inconscientemente– a ver de manera sistémica. Si lo hiciera así, se disolvería de inmediato como líder o lideresa, porque estaría invitando a sus dirigidos a ver y actuar desde sí mismos en la solución de problemas relacionados que implican múltiples factores y actores.
Todavía más: al no ver la dinámica sistémica que da origen, realiza, mantiene y transforma la convivencia humana y social que trata de resolver, el líder conserva cegueras que generan dolor y/o sufrimiento en las personas que integran la comunidad a la que pertenece.[1]
Transitoria efectividad del liderazgo
Dentro de los límites sistémicos que le imponen su naturaleza lineal y jerárquica, el liderazgo puede lograr cierta efectividad. Puede ser que los premios, las amenazas y los castigos consigan obediencia por cierto tiempo. También es posible que entre los dirigidos nazca el deseo voluntario de hacer lo que se les pide, pero esto responde a la naturaleza relacional y el sentido que para ellos adquieren dichas tareas.
En cualquier caso, cabe consignar que la efectividad del liderazgo sólo podrá ser transitoria y circunstancial, porque ningún ser humano está bien sometido a la voluntad de otros, debido a un factor clave: la obediencia niega la esencia humana de los individuos, porque les restringe su arquitectura biológica de seres reflexivos, autónomos, creativos, responsables y conscientes de sus actos.[2]
Por esta razón, los dirigidos tarde o temprano caen en la queja, el desgano y la desmotivación, dando lugar a la aparición de la negligencia y resistencia, con lo que el liderazgo deja de ser efectivo y llega a su fin. Es decir, la autoridad del líder o lideresa se diluye y desaparece cuando los dirigidos se revelan de forma encubierta o abierta para recobrar la autonomía de reflexión y acción que les corresponde como seres humanos.
El movimiento de los “Indignados”, en España y otros países de Europa, es un ejemplo actual en escena de cómo los ciudadanos se rebelan contra el fracaso del liderazgo personalizado en las clases política y empresarial en los países desarrollados.
Inspiración y colaboración alrededor de un proyecto común
Un proyecto es común cuando son comunes los deseos de todos los implicados en una solución posible.
Queda claro, por lo dicho anteriormente, que la respuesta lineal del liderazgo prometido por los candidatos a la Presidencia de la República no es una buena solución al carácter sistémico y complejo de los problemas del país, sino que más bien constituye un mecanismo perverso para la continuidad de las crisis y el dolor convivencial que afecta a los guatemaltecos y las guatemaltecas. Entonces, ¿cuál es la alternativa?
En coherencia con la naturaleza sistémica y compleja de los problema de la democracia y el desarrollo, apoyados con el cuerpo teórico utilizado en este artículo, deseamos colaborar con una idea, que si bien entraña un importante desafío de gerencia política, puede resultar efectiva en el mediano y largo plazo. Se trata de la siguiente:
Gestión de proyectos comunes, sostenidos por la inspiración y colaboración de todos: la idea consiste en traducir cada problema nacional priorizado en un Proyecto Común de Solución (PCS), sostenido por una red de conversaciones centrada en la participación, inspiración y colaboración de todos los actores implicados e interesados, independientemente de su afiliación a las distintas categorías sociales y políticas. Pensado como una visión de estado, el PCS podría convertirse en un instrumento de política pública que genere productos (corto plazo), efectos (mediano plazo) e impactos (largo plazo).
¿Y cuándo es común un proyecto? Cuando son comunes los deseos de todos los implicados en una solución posible. Algo así es viable cuando emerge una fuerza emotiva desde el interior o del alma de los participantes, que mueve su acción alrededor de un hacer. A esto le llamamos inspiración. Para ello, las conversaciones del PCS deberán estar caracterizadas –entre otros principios de relación– por el respeto a la legitimidad del otro, la reflexión creativa, la confianza, la libertad de acción y la responsabilidad ética.
Desde un punto de vista de gerencia, la idea de un PCS tiene una diferencia notable con respecto al concepto de líder y lideresa: ya no se trata de gestionar la obediencia, sino de gestionar la colaboración.
Cualquiera podría decir que una iniciativa así es utópica e imposible. En descargo de esta crítica, habría que advertir que todo problema complejo y sistémico tiene una solución compleja y sistémica, por cuanto entraña la consideración de múltiples relaciones entre factores y actores durante un tiempo que va más allá del corto plazo. En cualquier caso, queda la idea como una contribución al debate sobre el fin del liderazgo como solución a los problemas sistémicos y complejos de la democracia, y el desarrollo en un país como Guatemala.
Notas
1. P. García, Instituto Matríztico, Santiago, Chile. Presentación PP. Guatemala, 2008.
2. Maturana, H., D. Grajeda y otros. Métodos de interlocución para el diseño de políticas públicas municipales. Fundemuca, 2010.
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