Los caprichos de la naturaleza y las promesas electorales
- Lunes 12 de Septiembre de 2011 00:00
- Escrito por Edgar Barillas
Sí así son las vísperas...Vivo desde hace varios años en el norte de Virginia, muy cerca de la capital de los Estados Unidos. Hace muy poco fuimos sacudidos, primero por un temblor de alta intensidad y luego por un huracán. Ambos fenómenos son altamente improbables en la Costa Este y el hecho de que se presentaran casi de forma simultánea causó espanto y perplejidad. Las respuestas personales e institucionales fueron erráticas y –naturalmente– nadie podía tener certeza de lo que le esperaba en las siguientes horas.
No pasa lo mismo con la contienda electoral americana. Las cartas están sobre la mesa, los planes de trabajo de los candidatos son conocidos y las consecuencias –hasta donde lo permiten los análisis de tendencias– son predecibles. Por un lado se plantea que recolectando más impuestos es posible extender los beneficios sociales para los desprotegidos y aumentar el empleo en la reconstrucción de puentes y carreteras. Por el otro se propone que recortando impuestos, la empresa privada contará con más capital para generar inversión y empleos. Ambos bandos presentan números, algunos mejor sustentados que otros. El electorado los analiza, pega la evidencia con el carisma del candidato y vota.
No hay evidencia de que de forma simultanea se puedan reducir los impuestos y aumentar el presupuesto de salud y educación.
Revisando noticias de prensa y conversando con amigos, tengo la impresión que la contienda electoral chapina está siendo tratada en la misma forma que los caprichos de la naturaleza: no sabemos de dónde salen, ni qué podemos esperar y no tenemos alternativa.
La verdad, sin embargo, es que la mayor parte de promesas electorales no resistirían una rigurosa evaluación fundamentada en la experiencia acumulada por otros países. No es cierto, por ejemplo, que la violencia se haya controlado efectivamente con más violencia y no hay evidencia de que simultaneamente se puedan reducir los impuestos y aumentar el presupuesto de salud y educación.
Desafortunadamente es igualmente cierto que a estas alturas la suerte parece estar echada y, al decir de Vargas Llosa, será cuestión de elegir entre el cáncer y el SIDA. Lo que único que nos libraría de este macabro destino es un improbable tornado que, como diría Silvio Rodríguez, nos dejara lo bueno y se llevara lo malo.
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