¡Sí somos idiotas!...¿y ahora qué hacemos?
- Lunes 19 de Septiembre de 2011 00:00
- Escrito por Walter Flores
Todo al revés... ¡No somos idiotas!, decían una buena cantidad de respetados columnistas al referirse a la propaganda vacía de contenidos y rebosante en demagogia que vomitaban los partidos políticos. Yo también y, seguro que muchos de ustedes, comentamos lo mismo dentro de nuestro circulo de amigos y familiares cercanos. Nos parecía ridículo y en momentos hasta ofensivo, el hecho que los partidos políticos y sus asesores internacionales no sintieran la necesidad de presentar sus propuestas para hacer gobierno sino darnos a cambio todo ese estiércol disfrazado de estrategias comunicacionales. Ese tipo de propaganda aumentó exponencialmente en las semanas previas a la elección. Y los partidos políticos que mayor gasto hicieron en ello, continuaron punteando las encuestas y fueron al final entre los más votados. Esto nos indica que ¡sí somos idiotas!
¿Por qué se dan este tipo de campañas que la población premia con el voto? Las explicaciones no son sencillas, pero un elemento común es que aquí nadie, o muy pocos, rinden cuentas sobre lo que ofrecen (sea en campaña, un plan de desarrollo, política pública o hasta una cita con un amigo). Por lo tanto se promete cualquier cosa, porque al final no pasa nada si no se cumple. Usualmente se dice que la gente con bajo nivel educativo o rural es “la que cree en todo lo que los políticos dicen”. Esto no es cierto. Los estudiados y profesionales también lo hacen. Pongo como evidencia algunas conversaciones que escuché en las semanas previas.
Dos personas en corbata, haciendo fila en el banco delante de mi persona, le dice uno a otro: “yo se que eso del bono 15 es paja, pero ¿qué tal si ese señor es una persona diferente que sí cumple su promesa?” En un restaurante de comida rápida, de esos donde las mesas son pequeñas y tan juntas una a la otra que sin querer escuchamos las conversaciones de por lo menos tres mesas a nuestro alrededor, una madre de familia le dice a otra: “es cierto que ni a mí ni a mi esposo nos gustan los militares, pero acá en Guatemala, son los únicos a los que verdaderamente se les tiene miedo, por ello creemos que solo el candidato militar pueden parar tanto robo”. En otro restaurante, mientras esperaba a un amigo para almorzar, una persona le dice al resto que compartía la mesa: “yo, la verdad, voto porque me cae mal que me pregunten ¿por qué no fuiste a votar?, pero lo primero que hago es anular la papeleta con una equis en toda la hoja y a veces escribo mensajes como huevones, mafiosos y otros”.
Necesitamos hacer mucho más que solo nuestra labor profesional. Necesitamos acciones como ciudadanos.
Las conversaciones anteriores y muchas otras que no relato por falta de espacio, me hicieron ver que la falta de educación/información no es la única causa para que tengamos una oferta política tan pobre y una demanda ciudadana igualmente pobre. También priman la falta de esperanza en algunos, y la creencia en otros, que todo lo que sucede en Guatemala es “normal” y que seguramente sucede igual en la mayor parte del mundo.
La desesperanza y el convencimiento de que no hay otras formas de hacer las cosas me parecen las más graves y al mismo tiempo comprensibles. Si yo nunca hubiera vivido fuera de Guatemala (aun por tiempo breve), seguramente sentiría y pensaría lo mismo. Por ello, usualmente recomiendo a los profesionales jóvenes con los que me topo, que procuren estudiar un posgrado en el extranjero para “desintoxicarse” de Guate y poder regresar al país con más energía y diferentes ideas. Pero la cantidad de chapines que pueden y desean viajar al extranjero por estudios es sumamente mínima. Estoy convencido que los “estudiados” de éste país y los que viven fuera pero siguen conectados, necesitamos hacer mucho más que solo nuestra labor profesional. Necesitamos acciones como ciudadanos(as), mentores(as), amigas(os) y vecinos(as).
Inicié escribiendo en este blog usando seudónimo, porque al igual que otros que escriben aquí, quería transmitir ideas y que las mismas fueran debatidas por su propio valor, como ideas sin fijarnos en quién las escribe. Después de un poco más de un año me he dado cuenta que necesitamos mucho más que transmitir ideas. A partir de ahora, dejo mi seudónimo para atender las acciones anotadas en el párrafo anterior. Mi nombre es Walter Flores. Tengo 42 años. Viví 12 años fuera de Guatemala y he estado de vuelta desde hace cinco años. En estos momentos, mi principal ilusión es que dentro de 4 años, no tenga que conformarme con denunciar que “los políticos creen que somos idiotas”, sino estar satisfecho que hice mi labor como ciudadano, mentor, amigo y vecino. Y por sobre todo, contribuir con un grano de arena a crear esperanza y confianza en que podemos y debemos hacer las cosas de manera diferente.
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