Las elecciones infantiles
- Miércoles 02 de Noviembre de 2011 00:00
- Escrito por Walter Flores
Estos son los ciudadanos - Este año, mis dos hijas (7 y 5 años) tuvieron la edad suficiente para participar en las elecciones infantiles. Desde que se anunciaron, mi esposa y yo inmediatamente supimos que era una experiencia en la cual queríamos que ellas dos participaran. Sin embargo, no imaginamos que las elecciones políticas y sus procesos asociados (pancartas, vallas, anuncios por radio y televisión) se convirtiera en uno de los principales temas de conversación con nuestras hijas por varios meses.
Empadronamos a nuestra hijas con suficiente tiempo, y a partir de ese momento ellas sabían que iban a votar. Fue entonces que empezaron las preguntas y conversaciones sobre por quién votar. Al inicio, mientras viajábamos en el vehículo, se ocupaban de contar las pancartas de diferentes candidatos y decían que iban a votar por el que tuviera más pancartas en las calles. Mi esposa y yo les explicábamos que para tener las pancartas, se necesitaba dinero y que las elecciones no eran votar por el candidato que tenía más dinero para pancartas sino por el que tenía las mejores ideas. De ahí surgió la pregunta obligada de ellas: ¿y cómo sabemos cuáles son las ideas si no dice nada en las pancartas? Mi esposa y yo tratamos de explicarles las ideas de los candidatos. Esto no fue tarea fácil, era muy escasa la información que los candidatos brindaban.
En otras ocasiones, viendo las pancartas de los “dipukids” decían que iban votar por ellos, “pues eran más jóvenes y lindos” que los otros. De nuevo, mi esposa les explicaba que no era un concurso de belleza sino sobre los que “habían hecho su tarea y sabían más sobre los problemas de Guatemala y como resolverlos”.
También hubo varias oportunidades en que mi hija mayor contaba las conversaciones que tenían entre sus compañeritos, sobre por quién iban a votar y las razones. Me parecía extraño que niños y niñas de primer grado de primaria estuvieran utilizando su tiempo hablando de estos asuntos.
Llegó el día de las votaciones. Ellas estaban emocionadas porque iríamos en la mañana para que ellas votaran y en la tarde lo haríamos los adultos. Al llegar al centro de votación infantil, me sorprendió la seriedad de todos los niños y niñas: los que estaban en las mesas revisado los empadronamientos, los que explicaban a los más pequeños la forma en que deberían marca la papeleta, y la solemnidad de mis dos hijas al momento de votar.
Tenemos una tarea pendiente: que los niños y niñas del área rural también sean parte de este proceso.
Al ver todo eso que no me esperaba, me emocioné de sobremanera. Reflexioné que ni yo ni mi generación tuvimos esa oportunidad. Crecimos entre gobiernos militares en donde los adultos debían votar obligatoriamente en elecciones amañadas. Recordé también la preocupación que quedaba en el hogar cuando salían los adultos a votar, pues no se sabía que podía ocurrir, incluso alguna bomba en los centros de votación u otro tipo de atentados. Tampoco se podía hablar de los candidatos ni hacer comentarios. Los adultos decían que era “mejor no hablar de política pues no se sabe a quién le está uno hablando”. Esas experiencias y otras hicieron que mi generación creciera teniendo temor y desconfianza del estado.
Tres décadas después, mis hijas hablan abiertamente de los candidatos con sus padres, y eligieron a uno de ellos. Percibo lo importante que es esa experiencia para ellas en el presente. Seguro habrán otros beneficios mayores en el mediano y largo plazo. Sin lugar a dudas, ellas serán ciudadanas conscientes, motivadas y sin temor.
Casi 300,000 niños y niñas fueron parte de las elecciones infantiles. Si consideramos las colas de hasta tres horas que hubo en algunos centros de votación, los padres y sus hijos se lo tomaron en serio. Es motivante pensar que se está gestando una generación cualitativamente diferente de ciudadanos.
Aun con todo lo importante que son las elecciones infantiles, tenemos una tarea pendiente: que los niños y niñas del área rural también sean parte de este proceso. Mientras que un poco más del 50% de todos los niños y niñas que votaron fueron de la ciudad capital, en Quiché y Totonicapán fueron menos del 3%. En el esfuerzo por reducir las tremendas desigualdades que existen en éste país, la formación de los ciudadanos del futuro debe ocupar un rol principal. Esta formación no debe sentarse sobre bases excluyentes.
La siguiente elección infantil requerirá de un concurso más amplio de patrocinadores. Tiene que ser también con el concurso de nosotros, los ciudadanos adultos. Muchas gracias a los organizadores de las elecciones infantiles por el esfuerzo y desde ya cuentan con mi apoyo incondicional para lograr que las siguientes elecciones infantiles no sean únicamente el privilegio de la niñez urbana.
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