El fraude de los políticos a nuestros votos
- Lunes 14 de Noviembre de 2011 00:00
- Escrito por Walter Flores
No son como parecen - Yo voté por Rigoberta Menchú para presidente y para que un partido indígena dirigiera los destinos de éste país. En ningún momento voté para que la Dra. Menchú tuviera un caudal de votos que le permitiera negociar y aliarse al candidato que hizo campaña promoviendo la pena de muerte. Me indignó sobremanera que mi voto contribuyera a esos fines. Igualmente me hubiera indignado si ella se hubiera aliado con el otro candidato, del que todas las circunstancias indican estuvo involucrado en graves violaciones a los derechos humanos.
El fraude no fue solo hacia mí y los que votamos por Rigoberta. Fue también hacia los que votaron por VIVA. Harold Caballeros, al aliarse al PP, dijo que no lo hacía buscando puestos, sino únicamente porque el PP aceptó incluir la “super-tortilla” en su programa de gobierno. Lo de la tortilla está por verse, el hecho es que gracias a los que votaron por él para presidente, es ahora flamante ministro de relaciones exteriores.
Debemos “democratizar la democracia”.
Los otros casos muy conocidos son los diputados recién electos o reelectos, que dejan el Congreso para irse al Ejecutivo. Este fraude es aún mas grave porque se pasan de un poder del Estado hacia otro para el cual no compitieron.
Así como los casos anteriores, podemos encontrar muchos otros que nos deja éste proceso eleccionario. El fraude a gran escala que los políticos hacen de nuestros votos refleja por una parte, las limitaciones de la democracia representativa y por otra, las grandes lagunas que tiene nuestra ley electoral y de partidos políticos. Las esperadas reformas a dicha ley pueden hacer que se reduzca de alguna forma el fraude a nuestro voto. Pero no será suficiente. Debemos “democratizar la democracia”. Esto significa que en adición a la democracia representativa (elegimos a los que hacen gobierno), también implementemos otras formas de gobierno producto de la democracia participativa (donde los ciudadanos ejercen gobierno)[1].
Debemos emular las buenas prácticas de los países del sur. La invención de los presupuestos públicos participativos en Brasil y la introducción de plebiscitos a medio término para revocar o reafirmar a las autoridades de turno en Bolivia, son innovaciones inspiradas en el deseo de democratizar la democracia[2].
Notas
1. Boaventura de Sousa Santos (2004). Democratizar la democracia: Los caminos de la democracia participativa. Fondo de Cultura Económica. México.
2. Evelina Dagnino, Alberto Olvera, Aldo Panfichi. Innovación Democrática en América Latina: Una primera mirada al proyecto democrático-participativo. CLACSO, Buenos Aires, 2008
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