Distracciones de una misa
- Lunes 30 de Enero de 2012 00:00
- Escrito por Lilith
Pida consejo a los expertos - "Plaza de San Pedro" - atribución: Andreas Solberg - http://bit.ly/wqksnk Hace unos días acompañé a una amiga en el novenario de su padre. Mientras participaba de la misa, quise conscientemente abstraerme del momento, para evadir dolores pasados. La distracción no sólo cumplió su propósito, sino que además, me llevó a reflexionar sobre las características y el procedimiento del acto litúrgico.
Me senté al lado de una señora, que algunos podrán llamar loca, pero que a mí sólo me pareció que era un alma vistiendo un cuerpo desaliñado y olvidado. Mientras ella se chupaba un helado y el cura daba la misa, yo me concentré en seguir paso a paso todo el procedimiento eucarístico.
Descubrí que en cada misa, el cura repite en orden los siguientes eventos. Primero, el acto penitencial, después vienen las Lecturas y Salmo, posteriormente el sacerdote lee el Evangelio y ofrece la Homilía, y se finaliza con la Liturgia de la Eucaristía, momento en el que se presentan las ofrendas y se da la comunión.
Limpiar la mesa mediante el reconocimiento público y voluntario de nuestras faltas.
Dicho de otra manera. Lo primero que hacemos es pedir perdón, luego nos capacitan con lecturas del libro más importante –La Biblia–. Después el Padre nos adoctrina interpretando un pasaje de ese libro que de algún modo recoge la memoria histórica de un hombre y de un pueblo. Finalmente, de manera muy didáctica, interpretamos la última cena del individuo que el ejército romano torturó, humilló y asesinó con toda crueldad.
“Yo confieso ante Dios Padre y ante ustedes hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión….”. Con esta oración, inician los católicos cada misa. El cura pide que cada uno de los presentes, incluido él mismo, reconozcan públicamente que han pecado y pidan perdón a Dios.
Me pareció interesante que se inicie con el perdón. Llamar a limpiar la mesa, mediante el reconocimiento público y voluntario de nuestras faltas. De entrada se acepta que todos somos igual de imperfectos y pecadores. No se trata de una reunión de buenos y malos, ni siquiera de mujeres y hombres o jóvenes y viejos. Lo único que los une es que todos son pecadores. Aceptarse pecador es un acto de humildad, que se repite sin excepción, porque este reconocimiento es necesario para sentar las bases de la convivencia.
En cada misa se repite lo mismo. Se pide perdón, se lee la historia en la Biblia y se revive la muerte y resurrección de Jesús.
Acaso la milenaria Iglesia Católica no tendrá razón al seguir este método? Después de todo, les ha dado resultado. No debemos nosotros hacer algo parecido en esta Guatemala del post conflicto? La señora a mi lado se chupó hasta la bolsa, el cura nos dio la bendición y yo me quedé navegando en ese pensamiento.
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