La jubilación, ¿un recurso en vías de extinción?
- Lunes 06 de Febrero de 2012 00:00
- Escrito por Momo
¿Esperando que llegue el cheque? - "Tercera edad" - atribución: Lumiago - http://bit.ly/zJZHXs En los últimos años he visto cómo se jubila una gran cantidad de profesionales pertenecientes a la generación de mis padres. Hay quejas, por supuesto, sobre las pensiones que reciben del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), porque son pequeñas y no alcanzan para todo lo necesario. Algunas personas jubiladas siguen haciendo trabajos menores para mantener algún nivel de ingreso, pero las pensiones que reciben son un recurso que tendrán a su disposición por el resto de sus vidas.
Para mí, sin embargo, la jubilación es algo lejano. No es porque aún falten veintitantos años para cumplir los 60 años de edad, sino porque, así como están las condiciones de trabajo, dudo mucho que alguna vez logre cotizar los 192 meses necesarios para jubilarme. Sospecho que no estoy sola, y que el problema de la no-jubilación está afectando a la mayoría de mi generación y a las que vienen después.
Estudié una de esas carreras en las que no se puede trabajar y en las que la familia apoya a el(la) estudiante (le sigue manteniendo, pues). Excepto por una bolsa de estudios que recibí (Q880) durante el último año de la carrera por los ejercicios profesionales supervisados, nunca antes había tenido algún pago mensual. Mi vida laboral se inició entonces hasta en 1999, precisamente cuando el Partido de Avanzada Nacional (PAN) se encontraba en el gobierno consolidando la reforma neoliberal del Estado. Aún cuando los cambios se observaron principalmente en las instituciones públicas, también se dieron en toda la sociedad a nivel ideológico, político, social y económico, incluyendo el trabajo.
Es así como, en estos 13 años de vida laboral remunerada, he tenido puestos de trabajo en al menos ocho instituciones. ¡¿Por qué tantos trabajos?! Básicamente porque me he visto involucrada en proyectos de 1 a 3 años de duración. Mi problema no es que tenga una personalidad inestable, más bien son mis trabajos los inestables. Además, de las ocho organizaciones con las que he trabajado, sólo con dos he tenido una relación laboral de dependencia, es decir con seguro social incluido. Casi todas las remuneraciones salariales que he recibido han sido “contra-factura”. Haciendo cuentas, sólo en 4 ocasiones he recibido aguinaldo y Bono 14.
Lo que las instituciones se ahorran al no pagar prestaciones ahora y al no asumir el pasivo laboral, son costos que se trasladan para nuestro futuro personal y colectivo.
Escasas son las instituciones que, aún con proyectos de duración limitada, “incluyen IGSS” en su trabajo. Casi inexistentes son las plazas estables de trabajo desde las que se pueda “hacer carrera”, crecer en la organización y desarrollar un sentido de identidad y pertenencia. A partir de la neoliberalización de la sociedad, el miedo a la conformación de sindicatos y al pasivo-laboral se ha apoderado de instituciones públicas y privadas, nacionales e internacionales. Se implementan diversidad de jugarretas legales para no proveer trabajo formal, exponiendo excusas administrativas o financieras y ofreciendo mayor competitividad.
Los trabajadores han pasado a ser “colaboradores”, y los(as) más afortunados -por tener algún tipo de ingreso-, se ven obligados a entregar sus facturas por servicios para recibir su mensualidad. La flexibilización laboral está presente en casi cualquier lugar del país y, con ésta, también la precarización del trabajo. Para el “estimado colaborador” siguen existiendo las obligaciones, las responsabilidades sobre los procesos y los horarios, pero hemos sido despojado(as) de todas nuestras prestaciones: no hay seguro médico, no hay aguinaldo, ni Bono 14, ni vacaciones, ni indemnización, ni pensiones para el futuro.
Para el año 2010, menos de un millón de trabajadores(as) estaba afiliado al programa de Invalidez, Vejez y Sobrevivencia del IGSS [1], equivalente apenas a un 18% de la Población Económicamente Activa (PEA). A partir de nuestra situación actual, muchos somos los casos cuyo futuro es más que incierto. De primera mano he conocido docentes de “tiempo completo” en universidades privadas que reciben su último salario del año a mediados de noviembre; el próximo cheque que ven es hasta finales de enero. La universidad pública, por su parte, en vez de convocar a plazas por oposición, llena las necesidades docentes con profesores(as) interinos(as), designados(as) con base en intereses politiqueros de las autoridades de facultad o escuela. Dentro del mismo IGSS, en el año 2010, el 26% del personal contratado fue supernumerario, por lo que no contó con el seguro social.
Habrá que considerar que lo que las instituciones se ahorran al no pagar prestaciones ahora y al no asumir el pasivo laboral, son costos que se trasladan para nuestro futuro personal y colectivo. Si estamos como estamos ahora, no quiero ni imaginarme cómo estaremos después, cuando tengamos que seguir trabajando (o buscando trabajo) más allá de los 70 años, compitiendo con jóvenes por los mismos puestos de trabajo. Esto, claro está, si es que la enfermedad y el cansancio nos lo permiten.
Notas
1. Los datos de este párrafo son del Informe Anual de Labores 2010 del IGSS. No se incluye a los(as) trabajadores(as) afiliados(as) a las Clases Pasivas del Estado.
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