La pobreza de la riqueza
- Martes 20 de Julio de 2010 11:35
- Escrito por TocaActuar
Bell Multicultural - la escuela de los pobres. Atribución: TocaActuar - http://yahoraquemucha.comCamino al trabajo con bastante frecuencia, más por gusto que por necesidad. Aunque no lo había hecho recientemente, hoy el calor del verano ha cedido un poco. La cadencia de mis pasos sobre el cemento acompaña la música enchufada en mis oídos, y al ir pensando por la calle me torno todo yo en un canal entre mundos. De este lado, por fuera, el primer mundo, que me da trabajo, música y calor. Por dentro en la razón y el recuerdo, la patria que también da trabajo, pero de otra clase.
Vivo en un barrio "en ascenso": apenas hace una década en esta calle habría tenido que batirme entre drogadictos y narcos, y la mercancía más frecuente de las vendedoras ambulantes era su propia carne. Hoy las cosas han cambiado, y la licorera blindada del chino y el salón de belleza que ofrece relajamientos para pelo africano van cediendo ante la pupusería y el bar de fusión. Sin embargo, sigue siendo barrio de pobres: en esta zona el ingreso promedio es la mitad de lo que alcanza para el total del Distrito.
No hace tanto vivía en Ciudad de Guatemala, en la zona 14, para ser más precisos. Seguramente una de las zonas más ricas de la ciudad más rica del territorio guatemalteco. El contraste con mi experiencia actual era marcado. En mi barrio bajo actual ando por la calle sin miedo y con un iPod enchufado en la cabeza, distraído pensando en cómo componer el mundo, sin más preocupación que parar en el semáforo peatonal.
Al contrario, en el barrio alto en Guatemala debía salir sin un sólo objeto en las manos, sin reloj y con poco dinero en los bolsillos. Caminaba de prisa, echando la mirada a todas partes para evitar gente sospechosa, cuidando además cada paso, para no caer en un agujero, tropezar en una irregularidad de la acera, o brincar a la calle cuando el bordillo desaparecía sin mayor explicación. En el camino veía a los vecinos: al abrirse los portones de acero, salían los carros rápido para no dar pábulo a los asaltantes, los vidrios arriba, dejando que un guardia o el cerrador eléctrico volviera a dejar la casa, hermética y circundada de alambre de púas.
Quizá no nos hemos dado cuenta, y allí esté el problema. A Guatemala la aqueja, no sólo la pobreza de sus pobres, sino igualmente la de sus ricos. Aquellos que agradecemos la suerte de vivir "bien" y aquellos que ni siquiera se ufanan por no reparar en el privilegio, los temerosos miembros de la élite guatemalteca, de bomba y cisterna de agua, talanquera, muro y guardia. Quizá más que orgullo, su estilo de vida tendría que dar vergüenza, pues es pobreza de rico.
Quizá hace falta que quienes tenemos resueltos nuestros problemas en Guatemala descubramos que no es así, sino que simplemente les hemos puesto un parche. Reconocer que esta pobreza de rico nos pone en el mismo barco de la pobreza del pobre puede ser un primer paso para dejar de buscar soluciones "mías", y comenzar a buscar soluciones nuestras.
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