Imperio de Antonio Negri y Michael Hardt
- Lunes 03 de Enero de 2011 00:00
- Escrito por Carles Darío Bardal
La encontré de ladrillo, os la dejo de mármolÉsta, quizá la más difundida entre las obras de Negri, intenta puntos de partida conceptuales diferentes para entender las dinámicas de interconexión, interdependencia, hegemonía y espacios de contrahegemonía actuales.
La frase de apertura, “El imperio está materializándose frente a nuestros propios ojos”, recuerda el tono dramático del “Ein Gespenst geht um in Europa”[1], y como el Manifiesto, describe un proceso concurrente que no termina aún de cristalizar. Mientras la soberanía de los estados-nación declina progresivamente, explica, está emergiendo una nueva forma de soberanía, de alcance global, compuesta por una serie de organismos nacionales y supranacionales que comparten la misma lógica de dominación, a la que Negri y Hardt llaman Imperio.
No se trata, dicen los autores, del viejo imperialismo europeo, el cual operaba como extensión de las soberanías de los estados colonialistas hacia otros estados nacionales geográficamente delimitados. El Imperio no tiene centro territorial de poder y no descansa en fronteras establecidas. Es un aparato de gobierno descentrado y desterritorializado, donde las identidades son híbridas, las jerarquías son flexibles y es versátil la modulación de las líneas de mando. No una polaridad construida en torno a los Estados Unidos, que en efecto tiene una posición privilegiada en este orden, pero no es, como ningún estado-nación puede actualmente ser, el centro de un proyecto imperialista. El remate de la exposición del concepto de imperio es brutal (y sutil): no se trata de un régimen, sino de un orden, y no se detiene en regular las interacciones entre personas sino busca controlar la misma naturaleza humana: es el ejercicio del bio-poder. En sus palabras, se accede al concepto mediante una síntesis intelectual de la teoría de sistemas de Luhmann y la teoría de la justicia de Rawls.
Contra ese poder (a cuya constitución histórica y jurídica destinan los autores casi ciento veinte páginas), se alzan los poderes de la multitud en la era de la informática y las redes sociales. Es verdad que las propiedades comunales, los activos públicos, el patrimonio común (natural o cultural), y más recientemente la energía, el agua y las comunicaciones, han venido siendo expropiadas para beneficio privado. Pero el hecho es que hoy, y cito aquí textualmente, “participamos en un mundo productivo hecho de comunicación y redes sociales, servicios interactivos y lenguajes compartidos. Nuestra realidad social y económica se define menos en los objetos materiales que son producidos y consumidos por relaciones y servicios de co-producción. Producir significa, crecientemente, construir comunalidades cooperativas y comunicativas”. A partir de estas comunalidades[2] simbólicas dice un exaltado Negri, se produce la encarnación, la producción y la liberación de la multitud. Y esa multitud, por medio de las migraciones, las redes sociales, la acción política global (las ONG, los organismos de naciones unidas), la identificación de valores universales comunes, y una noción de justicia compartida, parece ser, en el devenir de los tiempos, el par dialéctico de los circuitos elitistas que entendiéndolo apenas intentan gobernar el Imperio.
Hardt, Michael y Antonio Negri (2002). Imperio. Buenos Aires, Editorial Paidos Argentina.
Notas
[1] Gracias infinitas por las virtudes de la Internet.
[2] Las res communes, en derecho romano, se distinguían de las res privatae et res publicae, por el acceso libre de todos los ciudadanos a su disfrute.
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