El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa
- Miércoles 25 de Mayo de 2011 00:00
- Escrito por Carles Dario Bardal
Hubo un tiempo en que al caucho le decían oro negro. Su precio no era muy alto, pero se extraía de la selva, por el trabajo forzado de los aborígenes de América del Sur y del Congo. Las aldeas eran arrasadas para obtener brazos; las familias coaccionadas para cumplir cuotas mínimas difíciles de alcanzar con los árboles ya exhaustos, y se aplicaban castigos horribles para quienes quedaban cortos. Mujeres y niñas eran vendidas para servidumbre y a los abundantes prostíbulos. Los horrores vividos por los trabajadores congoleses bajo la explotación del reino de Bélgica primero, y por los trabajadores de la Amazonía peruana bajo la explotación de una firma inglesa después, fueron revelados al mundo por las denuncias del diplomático británico Roger Casament. El sueño del celta, la última novela de Vargas Llosa, abre una ventana a la vida de este aventurero e idealista irlandés, ejecutado en 1916 por intentar llevar armas de Alemania a Irlanda, en apoyo al movimiento nacionalista de Eire.
La línea discursiva central del relato es el desengaño progresivo del protagonista, quien pensaba que los ímpetus colonialistas de las potencias europeas buscaban civilizar al mundo e instaurar la modernidad, y termina por enterarse que el verdadero fin es extraer a sangre y fuego los recursos naturales de los países, violando las leyes seglares y religiosas por igual, con un despliegue de poder inmenso por las compañías y el respaldo de los gobiernos colonialistas, y con enorme desprecio por la dignidad humana de aquellos a quienes pretendían civilizar. La indignación, la desolación y el asombro terminan por transmutar su percepción del mundo, y descubre que su patria natal, Irlanda, pertenece al mismo grupo de países subyugados bajo el poder colonial. Casement cambia sus convicciones pero también actúa en consecuencia con ellas. Es así como de ser un cónsul a quien la corona impuso un título nobiliario, cinco años después pasa a ser un defensor de la causa irlandesa, encarcelado, enjuiciado y ejecutado.
En su discurso de recepción del premio Nobel, el 7 de diciembre de 2010, Vargas Llosa recordó que la conquista de América fue cruel y violenta, pero la hicieron nuestros tatarabuelos y bisabuelos, y quienes emanciparon estas tierras no cesaron la explotación del indio sino la continuaron con la misma codicia y ferocidad. Por eso, dice Vargas Llosa, la emancipación de los indígenas es una responsabilidad enteramente nuestra, y la hemos incumplido, sin que haya en toda América una excepción a este oprobio y vergüenza.
Finalmente el personaje ha engullido a su autor: Vargas Llosa sale de este viaje expedicionario con la piel del especialista en atrocidades, también ha recibido de la corona española el título nobiliario de Ilustrísimo Señor Marqués de Vargas Llosa y a sus setenta y cinco años ha demostrado ser un pensador de derecha capaz de escribir las más aclamadas novelas de izquierda.
Vargas Llosa, Mario (2010). El sueño del celta. Alfaguara.
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